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Expedición científica busca en los fiordos de la Patagonia las primeras señales de El Niño

Investigadores navegaron desde Puerto Montt hasta el fiordo Comau para monitorear variables oceanográficas, fitoplancton y microplásticos ante los cambios que podría generar el fenómeno climático previsto para fines de 2026.

 

 

Una expedición científica recorrió durante agosto los fiordos de la Patagonia Norte para buscar las primeras señales asociadas a un eventual episodio de El Niño y analizar cómo los cambios en las condiciones oceanográficas podrían influir en el desarrollo de floraciones algales nocivas. La campaña fue liderada por la Dra. Lara Marcus, investigadora de la Universidad San Sebastián (USS), a bordo del velero Centinela I.

Los pronósticos internacionales anticipan para fines de 2026 un evento de El Niño de magnitud inusual. En este contexto, el equipo científico buscó identificar tempranamente modificaciones en variables como la temperatura del agua, circulación, estratificación, aporte de agua dulce y disponibilidad de nutrientes, factores que pueden incidir en las condiciones favorables para el desarrollo de microalgas nocivas.

“El Niño no produce directamente estas floraciones, pero puede alterar variables clave como la temperatura del agua, su circulación y estratificación, el aporte de agua dulce y la disponibilidad de nutrientes”, explicó Lara Marcus. La investigadora recordó que durante el evento de 2015-2016 se registraron alteraciones que contribuyeron a generar condiciones excepcionales para las floraciones algales en la Patagonia Norte.

La ruta incluyó el seno y estuario de Reloncaví, el sector de Río Blanco, cercano a Hornopirén, y el fiordo Comau. Este último fue uno de los puntos de especial interés debido a sus características oceanográficas y a la presencia de microalgas nocivas y microplásticos. En 2021, una floración de Heterosigma akashiwo registrada en Comau provocó una mortalidad masiva de salmones.

“Elegimos Comau porque es un verdadero laboratorio natural para estudiar la relación entre anomalías climáticas y floraciones algales nocivas”, señaló Marcus.

Monitoreo oceanográfico y microplásticos

La expedición contempló tres estaciones de muestreo diarias, definidas de acuerdo con las condiciones meteorológicas del invierno patagónico. En cada estación, los investigadores utilizaron una sonda hasta los 200 metros de profundidad para registrar temperatura, salinidad, oxígeno disuelto y clorofila.

El trabajo se complementó con la toma de muestras de agua a diferentes profundidades y el uso de redes para recolectar microplásticos. De esta manera, el equipo buscó obtener información simultánea sobre las condiciones oceanográficas, la actividad biológica y la contaminación presente en estos ecosistemas.

“Con todo ello tenemos una visión muy amplia de lo que ocurre en los fiordos, tanto a nivel oceanográfico y biológico como de contaminación antropogénica”, explicó la investigadora.

El componente de contaminación plástica forma parte del proyecto Fondecyt que sustenta estas campañas, siendo esta la tercera expedición realizada desde abril de 2025. La iniciativa cuenta además con el apoyo del concurso de acceso al velero Centinela I de la Vicerrectoría de Investigación y Doctorados de la USS.

Las investigaciones anteriores han permitido registrar microplásticos en la columna de agua, sedimentos y playas de la Patagonia Norte, un extenso sistema costero donde confluyen actividades urbanas, pesqueras y acuícolas y que constituye además un área de alimentación para especies como la ballena azul.

Tecnología para observar organismos en tiempo real

La campaña incorporó además la participación de especialistas en floraciones algales del Instituto de Fomento Pesquero (IFOP) y de los investigadores Enrico Piperno y Rahul Chajwa, pertenecientes al laboratorio de Manu Prakash en la Universidad de Stanford.

Los científicos utilizaron instrumentos ópticos como PlanktoScope y Gravity Machine, microscopios modulares que fueron empleados por primera vez en Chile y que permiten analizar las muestras prácticamente en el momento en que son recolectadas.

“Podemos observar los microorganismos mientras aún están vivos y estudiar aspectos de su comportamiento perturbando mínimamente su entorno, algo muy difícil de seguir con microscopía convencional”, explicó Marcus.

Para la investigadora, la experiencia también demuestra el potencial de utilizar embarcaciones como el Centinela I para desarrollar ciencia en lugares de difícil acceso. “Demostramos una vez más que un velero como el Centinela I puede transformarse, con la tecnología adecuada, en un verdadero laboratorio científico en los fiordos”, afirmó.

La combinación de observaciones oceanográficas, análisis biológico y monitoreo de contaminación permitirá al equipo continuar estudiando la evolución de los ecosistemas de la Patagonia Norte y evaluar cómo responden frente a variaciones climáticas y ambientales.

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