El investigador Felipe Díaz-Toro, del Instituto de Cuidados en Salud de la Universidad Andrés Bello, advierte que una alimentación con exceso de sodio y productos ultraprocesados puede favorecer el aumento de la presión arterial.

La hipertensión arterial constituye uno de los principales factores de riesgo cardiovascular y puede avanzar durante años sin presentar síntomas evidentes o importantes, ya que no solo tiene que ver con temas de herencia genética, sino que también con el estilo de vida y alimentación de la persona, que puede provocar de forma involuntaria la condición que lo puede acompañar el resto de su vida.
Cifras entregadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS), alrededor de 1.400 millones de adultos en el mundo entre 30 y 79 años vivían con hipertensión en 2024, lo que se traduce que uno de cada tres. Además, cerca del 44% desconocía que tenía esta condición y solo alrededor del 23% mantenía su presión controlada.
Felipe Díaz-Toro, investigador del Instituto de investigación de cuidados en Salud de la Universidad Andrés Bello, explica que “la presión arterial elevada de manera sostenida aumenta el daño de los vasos sanguíneos y el trabajo que realiza el corazón, incrementando el riesgo de infarto, accidente cerebrovascular, insuficiencia cardíaca y enfermedad renal. Por ello, prevenir y controlar la hipertensión constituye una medida concreta para reducir el riesgo cardiovascular”.
Menos sodio y más alimentos frescos
Cómo una manera de mantener un control frente a un posible aumento de la presión arterial es tener cuidado en el consumo de sodio. “La reducción del sodio como una de las medidas con mayor respaldo científico para prevenir y controlar la hipertensión. El exceso de este mineral favorece la retención de agua y contribuye al aumento de la presión arterial”, explica.
La Organización Mundial de la Salud recomienda consumir menos de 2.000 mg de sodio al día, equivalentes a menos de 5 gramos de sal, aproximadamente una cucharadita considerando toda la sal consumida durante la jornada. Sin embargo, la ingesta mundial promedio alcanza los 4.278 mg de sodio diarios, más del doble de lo recomendado.
“Reducir el consumo de sodio no significa únicamente retirar el salero de la mesa. Cecinas y embutidos, sopas instantáneas, cubos de caldo, snacks, salsas, comidas preparadas, quesos, comida rápida y otros productos procesados pueden aportar cantidades importantes de sodio. Incluso alimentos de consumo habitual, como el pan, pueden contribuir debido a la frecuencia con que se consumen”, detalla el investigador.
Protección de la alimentación
Cabe indicar que una alimentación cardioprotectora no debe basarse solamente en prohibiciones. El investigador plantea como alternativa aumentar el consumo de verduras, frutas, legumbres, cereales integrales, frutos secos y semillas sin sal, lácteos bajos en grasa y pescado.
Las frutas y verduras aportan fibra, micronutrientes y potasio, mineral que contribuye a contrarrestar algunos efectos del sodio sobre la presión arterial. La OMS recomienda consumir al menos 400 gramos diarios de frutas y verduras en adultos y niños mayores de 10 años.
“Las legumbres también ocupan un lugar importante. Lentejas, porotos, garbanzos y arvejas aportan proteína vegetal, fibra y minerales, y es necesario poner atención a la preparación, ya que agregar grandes cantidades de sal, longaniza, chorizo u otras carnes procesadas puede disminuir el beneficio de este tipo de preparaciones”, detalla el experto.
El especialista también recomienda consumir frutos secos sin sal y preferir cereales integrales, como avena, pan y arroz integral. Asimismo, propone aumentar el consumo de pescado, como jurel, sardina o salmón, y reducir la frecuencia de carnes procesadas como salchichas, vienesas, jamón, tocino, longanizas y chorizos.
Cambios sencillos para comenzar
Para facilitar estos cambios, y a pesar de que puedan ser conductas muy comunes, Díaz-Toro propone sacar el salero de la mesa, probar los alimentos antes de agregar sal y utilizar alternativas como ajo, cebolla, limón, pimienta, orégano, cilantro y perejil para aportar sabor.
“El paladar se adapta, ya que al disminuir la sal progresivamente, necesitamos menos para percibir sabor. La alimentación constituye solo una parte de la prevención cardiovascular. Es necesario mantener un peso saludable, realizar actividad física regularmente, no fumar y moderar o evitar el consumo de alcohol también contribuyen a reducir el riesgo”, concluye.