Ventisqueros refuerza el trabajo colaborativo por la seguridad durante su 12ª Semana de la Seguridad

La compañía desarrolló cinco jornadas con actividades junto a colaboradores, contratistas, empresas de distintos sectores, autoridades y especialistas, con el objetivo de compartir experiencias y elevar los estándares de seguridad en la industria salmonera. Con el concepto “Vamos con todo, vamos con VIDA”, Ventisqueros realizó entre el 28 de septiembre y el 2 de octubre la duodécima edición de su Semana de la Seguridad, instancia que este año puso especial énfasis en el trabajo colaborativo y el intercambio de experiencias como herramientas para fortalecer la prevención en la industria salmonera. Durante cinco jornadas, la compañía llevó su cultura de seguridad a los distintos lugares donde desarrolla sus operaciones, involucrando a colaboradores, empresas contratistas, líderes y otros actores de su cadena productiva. La semana comenzó con un lanzamiento que conectó a equipos de las bases de operaciones de Hornopirén y Chiloé, centros de cultivo y Planta de Procesos. “La prevención no puede quedar limitada a lo que ocurre dentro de una empresa: tenemos desafíos comunes y mucho que aprender unos de otros. Compartir experiencias y buenas prácticas nos permite elevar los estándares y avanzar juntos hacia operaciones más seguras”, señaló Álex Vásquez, subgerente de Seguridad y Salud Ocupacional de Ventisqueros. Uno de los hitos fue la Ruta de la Seguridad, iniciativa que permitió conocer prácticas preventivas desarrolladas por empresas referentes. En esta edición participaron Dreams y Cargill, generando un espacio de intercambio de aprendizajes entre distintos sectores y de identificación de medidas que puedan contribuir a fortalecer la gestión preventiva. El programa también contempló “La Hora de la Emergencia”, ejercicio en el que los equipos de Farming pusieron a prueba sus sistemas de respuesta ante situaciones críticas. A esto se sumó una jornada dirigida a empresas contratistas, desarrollada en INACAP, que reunió a más de 100 representantes para reforzar la importancia de incorporar la seguridad a todos los niveles de la cadena de valor. Otro de los principales momentos de la semana fue el Seminario de Seguridad y Salud Ocupacional en la Industria del Salmón, realizado el 1 de octubre en Puerto Varas bajo el lema “La seguridad no se compite, se comparte”. El encuentro reunió a empresas productoras de la industria, autoridades, organismos técnicos, especialistas y representantes del Consejo del Salmón, generando un espacio para compartir experiencias, aprendizajes y buenas prácticas. La agenda incluyó además actividades relacionadas con preparación ante emergencias, salud mental, seguridad vial y prevención del consumo de alcohol y drogas, junto con iniciativas internas como el Rosco de la Seguridad y ejercicios compensatorios. La semana concluyó con una jornada junto a los líderes corporativos, centrada en revisar avances, brechas y desafíos pendientes, además de reforzar el compromiso con la seguridad vial y la Salud Ocupacional bajo el concepto “Liderar para construir VIDA”. Con esta duodécima edición, Ventisqueros reafirmó su intención de avanzar hacia una cultura preventiva que trascienda sus propias operaciones y genere espacios permanentes de colaboración dentro de la industria. El objetivo que orienta este trabajo es avanzar hacia CERO ACCIDENTES, poniendo la seguridad y el bienestar de las personas en el centro de las decisiones.
Peste neumónica en Siberia: por qué su letalidad no equivale a riesgo de pandemia

Tras la muerte de una trabajadora de un instituto que investiga la peste en Siberia, la epidemióloga UNAB, María Jesús Hald, explica por qué la gravedad de la enfermedad no basta para anticipar una pandemia. La muerte de una investigadora del Instituto contra la Peste de Irkutsk, en Siberia, ocurrida el 2 de octubre en un presunto accidente de laboratorio, reactivó la inquietud por una enfermedad cuyo nombre evoca una de las mayores catástrofes sanitarias de la historia. El Departamento de Estado de Estados Unidos instó a Rusia a compartir información “de forma rápida y transparente”, mientras las autoridades rusas sostienen que la situación epidemiológica en la región es estable. Para la epidemióloga de la Facultad de Medicina UNAB, María Jesús Hald, evaluar un evento como este exige distinguir entre su gravedad clínica, su capacidad de transmisión y la evidencia disponible. “Confundir estas dimensiones puede transformar una investigación epidemiológica en una alarma sin sustento“, advierte la académica. Qué se sabe y qué no La causa de muerte continúa sin confirmación oficial. Según los antecedentes comunicados por las autoridades rusas, no se han detectado patógenos peligrosos entre los contactos estudiados, que según medios internacionales superan las 200 personas. Hasta ahora, la información disponible no demuestra transmisión secundaria ni expansión internacional asociada a este episodio. Las medidas de observación y aislamiento, explica Hald, responden a la necesidad de investigar y prevenir. Por sí solas, no acreditan la existencia de un brote. Se trata de procedimientos habituales ante un caso sospechoso de una enfermedad de alta gravedad, mientras se espera la confirmación del diagnóstico. Una enfermedad conocida La peste es causada por la bacteria Yersinia pestis, y sus reservorios, mecanismos de transmisión y medidas de control están ampliamente descritos. Aunque en el pasado provocó pandemias, hoy se presenta sobre todo como casos esporádicos y brotes localizados, vinculados a focos naturales endémicos. En las últimas décadas no ha mostrado una propagación mundial comparable a la del COVID-19. Ese antecedente permite contextualizar el riesgo, aunque no desconoce el potencial de la enfermedad para producir brotes graves. “Su forma neumónica compromete los pulmones, puede evolucionar con rapidez y presenta una letalidad extremadamente alta cuando no recibe tratamiento”, agrega Hald. Letalidad y contagio no son lo mismo Aquí está uno de los puntos centrales del análisis, según cuenta la epidemióloga. “La letalidad expresa la proporción de personas enfermas que fallecen, pero no mide la facilidad con que una infección se propaga. Una enfermedad muy letal no necesariamente tiene una elevada capacidad de expansión mundial”, señala la epidemióloga. Para estimar ese riesgo, agrega, deben considerarse además la vía de transmisión, las condiciones de exposición y las herramientas disponibles para interrumpir el contagio. Por qué no es comparable con el Covid-19 La comparación con la pandemia reciente es inevitable, pero requiere precisión. El SARS-CoV-2 alcanzó una circulación extensa mediante partículas respiratorias y se transmitía desde personas presintomáticas y asintomáticas, lo que dificultó identificar a tiempo las cadenas de contagio. Además, al comienzo de la pandemia no existían vacunas ni tratamientos específicos de eficacia demostrada. “La peste neumónica, en cambio, se transmite principalmente por exposición respiratoria estrecha a personas enfermas. Cuenta con tratamiento antibiótico y con profilaxis para los contactos expuestos”, precisa Hald, “estas diferencias favorecen su contención cuando la respuesta es oportuna”. Por eso, para la académica, equiparar ambos escenarios solo porque afectan al sistema respiratorio resulta epidemiológicamente inadecuado. Tampoco corresponde interpretar la ausencia de expansión mundial reciente como una garantía absoluta. En síntesis, el episodio de Siberia debe analizarse con cautela científica. La peste neumónica merece atención por su gravedad, pero esa gravedad no basta para anticipar una nueva pandemia. “La memoria epidemiológica también es una forma de protección”, concluye Hald.
El Mupa a un año de su reapertura

Por: Francisca Paris Reyes, Directora Ejecutiva de la Corporación Cultural, Puerto Montt. Ha transcurrido un año desde que el Museo Histórico Juan Pablo II (MUPA) reabrió sus puertas a la comunidad de Puerto Montt. En el balance de este primer ciclo, resulta indispensable reflexionar sobre el verdadero sentido que un espacio patrimonial posee para una ciudad. Un museo no es —o no debería ser— un simple repositorio de objetos inertes ni una vitrina cubierta de polvo nostálgico. Su valor trasciende la exhibición contemplativa: es un centro generador de conocimiento, un custodio de la memoria viva y, sobre todo, una herramienta estratégica para definir qué comunidad queremos ser. El relato con el que abre el MUPA sitúa a nuestro territorio en el epicentro de uno de los debates científicos más apasionantes del planeta: el poblamiento de América. Mientras el museo reanudaba sus funciones, la prestigiosa revista Science reabría la discusión sobre la datación del sitio arqueológico de Monte Verde, enfrentando posturas académicas internacionales. Que a solo unos kilómetros de nuestro centro urbano se custodie una pregunta universal que la humanidad aún intenta responder demuestra que este espacio guarda interrogantes vivas que interpelan al mundo entero. A partir de allí, la exposición permanente recorre los hitos que modelaron nuestra identidad: la huella de los pueblos originarios, la inmigración alemana, la religiosidad popular y el desarrollo de una ciudad forjada a orillas del mar y del bosque. Comprender esta continuidad productiva y cultural no es un mero ejercicio de añoranza; es información estratégica y útil para el Puerto Montt del presente y del futuro. Sin embargo, el reto del MUPA no se agota en la investigación de gabinete, la conservación o el valioso resguardo de la hemeroteca municipal. La tarea más apremiante y necesaria —aquella que exige una mirada honesta— es saldar la brecha de la democratización cultural. Es una realidad ineludible que a gran parte de la ciudadanía le sigue costando cruzar esa puerta. Para las vecinas y vecinos de sectores como Alerce, Mirasol, El Tepual, o las comunidades rurales de Chamiza, Correntoso y Lenca, el museo suele percibirse lejano, tanto en distancia física como en representatividad simbólica. Del mismo modo, las juventudes rara vez asisten por iniciativa propia si no encuentran códigos y temáticas que dialoguen directamente con sus inquietudes. Frente a esta constatación, el desafío planteado para las siguientes etapas debe apuntar hacia una cultura descentralizada. Programar pensando en quién no está en la sala implica que la vida cultural no puede quedarse confinada dentro de cuatro paredes; debe desplegarse en los barrios, en las escuelas y en los sectores rurales. La articulación con el sector público, el mundo académico, las industrias creativas y los gremios locales debe servir como puente para consolidar un ecosistema dinámico y colaborativo. A un año de su reapertura, el MUPA ha demostrado su capacidad técnica e institucional para posicionarse como un referente regional. Ahora, el compromiso debe ser colectivo: que cada habitante de esta comuna se reconozca en sus salas y sepa que en este museo hay una historia que le pertenece y un espacio que le da la bienvenida.