En un territorio donde las relaciones humanas siguen marcando el pulso del desarrollo, tres especialistas en sostenibilidad social y valor compartido entregaron una mirada profunda —y a ratos disruptiva— sobre cómo las empresas deben vincularse con las comunidades si quieren proyectarse en el tiempo.

Fue durante el encuentro Comunidades al Sur del Mundo, realizado en Puerto Varas, donde coincidieron en una idea transversal: el relacionamiento comunitario ya no es un complemento; es parte central del negocio.
Para Claudio Rosas, CEO de Paralelo 7 Chile–Colombia (en la foto), el cambio de era es evidente. “El relacionamiento comunitario dejó de ser una opción: quien no lo aborda de forma profesional se expone a riesgos que afectan directamente su operación y su ingreso económico”, advirtió. Con proyectos activos en 14 regiones de Chile y presencia en Colombia, Rosas remarcó que la inteligencia artificial puede aportar análisis, pero jamás reemplazar el conocimiento territorial de las personas que viven en cada localidad. “No es marketing ni moda; es un componente estructural”, insistió, subrayando la necesidad de equipos locales, transparencia y respeto para construir soluciones sostenibles.
El fundador y director ejecutivo de Nodo Chile, Sebastián Videla, valoró el encuentro como un punto de inflexión. “Pocas veces se juntan distintas industrias en el sur desde una mirada realmente local”, señaló, destacando que la conversación descentralizada —alejada de Santiago— permite comprender realidades que no caben en los manuales. Videla enfatizó que no existen recetas universales: las relaciones comunitarias se construyen en el tiempo, con presencia constante y trabajo honesto. “El capital social no se gana de un día para otro. Llegar a tiempo y mantenerse en el tiempo es esencial. Y todo esto, al final, tiene que ver con respeto.”
José Robles Rivera, consultor senior de la Fundación Factor de Cambio, aportó la visión del norte minero. Desde Calama, donde los procesos industriales conviven a diario con comunidades exigentes, reconoció similitudes sorprendentes con la industria del salmón y el sector forestal. “Las comunidades quieren ser escuchadas, quieren participar y construir confianza. Y entendemos que esa confianza requiere tiempo y consistencia”, afirmó. Robles destacó que la transparencia y la claridad en
el rol del consultor son claves para que los territorios comprendan cómo su voz incide en los proyectos.
Si algo quedó claro en el encuentro es que el sur austral se ha transformado en un verdadero laboratorio de innovación social. Con identidades diversas, comunas aisladas y economías locales sensibles a la actividad productiva, los especialistas coincidieron en que los modelos tradicionales de relacionamiento ya no sirven. La escucha activa, la presencia territorial y la co-creación aparecen como las herramientas más valiosas.
Los expositores cerraron sus intervenciones con un diagnóstico común: las empresas que no comprenden el territorio están destinadas a fracasar en él. La sostenibilidad —esa palabra extensa y a veces desgastada— toma un nuevo sentido cuando se aterriza en personas, realidades y expectativas concretas.