El acelerado cambio demográfico revelado por el Censo 2024 exige replantear el modelo de desarrollo urbano centrado en la expansión periférica y el automóvil. Expertos advierten sobre los riesgos del aislamiento social y abogan por recuperar la proximidad urbana y la escala humana.

El acelerado proceso de envejecimiento demográfico en Chile está planteando desafíos que trascienden los sistemas de pensiones, salud o cuidados. La transformación obliga a cuestionar la capacidad de las ciudades chilenas para albergar a una población cada vez mayor y, al mismo tiempo, con un mayor grado de aislamiento.
De acuerdo con los datos del Censo 2024 presentados por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), el 14% de la población del país tiene 65 años o más, situando el índice de envejecimiento en 79 personas mayores por cada 100 menores de 15 años. Este indicador contrasta fuertemente con las 22,2 personas registradas en 1992.
A la par con la transición demográfica, crece la proporción de hogares unipersonales. Regiones como Magallanes, Valparaíso y Aysén bordean el 27% de viviendas compuestas por una sola persona, mientras que en comunas centrales de Santiago esta cifra alcanza o supera el 40%. Este contexto debilita el modelo tradicional de vejez acompañada por una estructura familiar directa, lo que incrementa el riesgo de aislamiento social e incide negativamente en la salud física y mental de los habitantes.
Valparaíso como señal de advertencia urbana
El fenómeno adquiere especial notoriedad en la Región de Valparaíso, la cual lidera el índice de envejecimiento a nivel nacional con 98,6 personas de 65 años o más por cada 100 menores de 15 años. Además de su dinámica demográfica interna, la zona es el destino elegido por una de cada cinco personas mayores que decide migrar entre ciudades.
Sin embargo, el arquitecto, urbanista y decano del Campus Creativo de la Universidad Andrés Bello (UNAB), Ricardo Abuauad, advierte sobre las paradojas del territorio. Según los antecedentes expuestos por el especialista, el 88,8% de las personas mayores de Valparaíso habita en sectores con equipamiento insuficiente o en áreas vulnerables. Para Abuauad, esta realidad opera como un predictor del escenario que enfrentarán otras metrópolis del país si no se corrigen las tendencias de planificación.
“El modelo al que nosotros apostamos por décadas, que era una vivienda en la periferia con una cantidad mayor o menor de jardín y con dependencia del automóvil, a la población mayor le funciona muy poco”, sostiene Abuauad. “Nuestras veredas no están pensadas para adultos mayores. Nuestro sistema de transporte no está pensado para adultos mayores. Frente a calles difíciles o servicios alejados, la gente termina recluyéndose, y eso es fatal para su salud física, mental y su pronóstico de futuro”.
Recuperar la proximidad y la escala humana
Para mitigar el aislamiento, los expertos proponen reorientar el desarrollo urbano hacia esquemas de proximidad como la “ciudad de 15 minutos” (promovida internacionalmente por Carlos Moreno) o las “supermanzanas” de Barcelona. La meta es que las personas puedan cubrir sus necesidades cotidianas de salud, comercio, cultura y esparcimiento en trayectos caminables o en bicicleta no superiores a un cuarto de hora.
Esta estrategia no busca construir infraestructura segregada o exclusiva para la tercera edad, sino mejorar la habitabilidad general. Una vereda en buen estado, un cruce peatonal seguro, mobiliario urbano con sombras y una red de transporte accesible benefician a personas con movilidad reducida, pero también a niños, familias y peatones de cualquier edad.
“¿Cuál es el leitmotiv de toda esta transformación? Invitarlos a salir a la calle y en la calle hacer todo lo posible para que se encuentren con otros. Esa es la clave”, concluye Abuauad. “Porque una ciudad donde una persona de 80 años puede caminar, cruzar una calle, llegar a un servicio y encontrarse con otros probablemente sea también una mejor ciudad para alguien de ocho, treinta o cincuenta años”.