Luis Toledo Mora. Periodista y máster en Protección civil y Gestión de Emergencias.

El aeródromo Marcel Marchant Binder, conocido como La Paloma, es mucho más que una pista de despegue y aterrizaje en Puerto Montt: desde 1943 ha sido un nodo fundamental que sostiene la vida y el desarrollo de la extensa zona norpatagónica. Su utilidad se expresa en múltiples dimensiones que hacen de este espacio aéreo una plataforma con una profunda vocación de servicio público.
La Paloma es la puerta de entrada y salida hacia territorios que dependen en gran medida del avión para mantenerse conectados. Sectores cordilleranos de la Provincia de Llanquihue, puntos alejados del archipiélago de Chiloé, la compleja topografía de Palena y la Región de Aysén encuentran aquí el puente que les permite integrarse al resto del país, transportar personas, recibir servicios y mantener la cohesión territorial. En un sur marcado por la geografía extrema, La Paloma es sinónimo de conectividad e integración.
Su rol en la gestión de emergencias es igualmente decisivo. Desde este aeródromo despegan las evacuaciones aeromédicas que salvan vidas, trasladando pacientes críticos hacia hospitales de mayor complejidad. También se convierte en plataforma de operaciones para el combate de incendios forestales, cada vez más frecuentes y devastadores en el desafiante escenario que presenta el cambio climático. En ambos casos, disponer de un aeródromo cercano y operativo significa capacidad de respuesta inmediata.
La Paloma cumple además un rol silencioso pero decisivo en el desarrollo económico regional. Su losa es el enlace logístico vital para la industria del salmón, la segunda fuente económica del país y primera de las regiones australes. Desde sus instalaciones se movilizan insumos, equipos técnicos y personal especializado que permiten sostener una actividad productiva que posiciona a Chile como líder mundial en exportaciones. La cercanía del aeródromo a los centros de cultivo garantiza rapidez y eficiencia, elementos indispensables en una industria que depende de la continuidad operacional para su funcionamiento.
La utilidad de La Paloma se extiende también al turismo aéreo regional, que encuentra en sus instalaciones un punto de partida para descubrir la belleza austral desde el aire. Y no menos importante: es fuente de trabajo y sustento para familias vinculadas a la aviación local.
A ello se suma su aporte a la descentralización de la aviación regional. La Paloma permite descongestionar el aeropuerto El Tepual, ofreciendo un espacio diseñado para operaciones de menor escala, pero de gran impacto social. Esta complementariedad fortalece la seguridad aérea y asegura que la infraestructura de Puerto Montt responda tanto a las necesidades de la gran aviación como a las de vuelos más pequeños y flexibles.
En definitiva, La Paloma no es un aeródromo secundario. Es conectividad, es desarrollo, es seguridad. Es el corazón aéreo del sur austral, y su continuidad es indispensable para que las comunidades de la Patagonia norte sigan latiendo con fuerza.