El volcanólogo Felipe Aguilera destacó los avances en monitoreo desde la erupción de 1991, pero advirtió que el país aún enfrenta desafíos para ampliar la vigilancia y preparar a la ciudadanía frente al riesgo volcánico.

A 35 años de la histórica erupción del volcán Hudson, especialistas llaman a reforzar la preparación de la población frente a este tipo de amenazas naturales y a seguir fortaleciendo el sistema de monitoreo volcánico del país. El aniversario del evento, considerado uno de los más importantes registrados en Chile durante el siglo XX, reabre el debate sobre la necesidad de avanzar hacia una verdadera cultura volcánica en un territorio que alberga cerca de 90 volcanes activos.
La erupción del Hudson, ubicada en la Región de Aysén, se extendió entre junio y diciembre de 1991 y alcanzó un Índice de Explosividad Volcánica (VEI) 5. Durante ese período expulsó alrededor de 2,7 kilómetros cúbicos de tefra, mientras columnas eruptivas de hasta 18 kilómetros de altura dispersaron cenizas sobre extensas zonas del sur de Chile y Argentina. El fenómeno también provocó el derretimiento parcial del glaciar que cubre el volcán, generando lahares que descendieron por los valles cercanos y ocasionaron importantes impactos ambientales y productivos.
Actualmente, el Hudson ocupa el puesto 12 del Ranking de Riesgo Específico de Volcanes Activos elaborado por Sernageomin, manteniéndose bajo vigilancia permanente de la Red Nacional de Vigilancia Volcánica debido a su potencial de generar nuevas erupciones.
El volcanólogo Felipe Aguilera, director del Instituto Milenio Ckelar Volcanes y profesor titular de la Universidad Andrés Bello, explicó que la realidad del país ha cambiado significativamente desde 1991. “Sernageomin atendía las emergencias con apoyo de otras instituciones, como las Fuerzas Armadas, y el monitoreo instrumental era escaso. El observatorio se creó tras la erupción del Chaitén y, desde entonces, el sistema de vigilancia volcánica se ha robustecido progresivamente”, señaló.
No obstante, el especialista advirtió que todavía existen desafíos relevantes para mejorar la capacidad de anticipar futuras emergencias. Entre ellos mencionó la necesidad de ampliar la cobertura instrumental hacia volcanes potencialmente activos y fortalecer la identificación de los llamados precursores eruptivos, es decir, las señales que permiten detectar con anticipación un eventual proceso de reactivación volcánica.
“Uno de los desafíos es ampliar la cobertura instrumental, especialmente en volcanes potencialmente activos. Eventos como el del Chaitén podrían volver a ocurrir y es fundamental contar con las herramientas necesarias para detectarlos oportunamente”, afirmó Aguilera.
El académico sostuvo que la preparación frente al riesgo volcánico no depende exclusivamente del desarrollo científico y tecnológico. A su juicio, también es indispensable avanzar en educación y prevención para que la población conozca las amenazas propias de vivir en un país altamente volcánico. “En Chile hemos desarrollado una importante cultura sísmica; la mayoría de las personas sabe cómo reaccionar frente a un terremoto o un tsunami. Con los volcanes todavía tenemos un desafío pendiente: que las personas sepan que vivimos en un país altamente volcánico, conozcan sus amenazas y sepan cómo actuar frente a un evento de este tipo”, indicó.
A 35 años de la erupción del Hudson, los especialistas coinciden en que los avances alcanzados en monitoreo volcánico han fortalecido la capacidad de respuesta del país. Sin embargo, enfatizan que continuar invirtiendo en vigilancia, investigación y educación ciudadana será clave para enfrentar de mejor manera futuras emergencias en uno de los territorios con mayor actividad volcánica del planeta.