Cada 25 de abril se celebra el Día Mundial del Pingüino, esas inocentes avecitas que no vuelan en el aire pero “vuelan” en el mar, que caminan como si recién aprendieron a hacerlo y que día a día visten más elegantes que cualquiera de nosotros. Dra. Pamela Toledo, Investigadora postdoctoral Centro i-mar Universidad de Los Lagos.

Cada 25 de abril se celebra el Día Mundial del Pingüino, esas inocentes avecitas que no vuelan en el aire pero “vuelan” en el mar, que caminan como si recién aprendieron a hacerlo y que día a día visten más elegantes que cualquiera de nosotros. Estas aves pueden ser reconocidos por casi todos, y quien quiera que los vea piensa que son unos seres adorables, pero muy pocos saben que nosotros, los humanos, los estamos llevando a situaciones con las que quizás no puedan batallar.
Podemos mencionar que en el mundo existen cerca de 18 especies de pingüinos que habitan casi exclusivamente el hemisferio sur. En las frías aguas de nuestro país, desde el candente desierto por el norte hasta los fríos glaciares del sur habitan nueve especies de pingüinos que nadan en las aguas de nuestras costas, anidan en nuestras islas, nos recuerdan lo hermoso de la vida y que deben hacer frente a diversos problemas como lo son el cambio climático, la disminución en la disponibilidad de alimentos y la contaminación, entre otros. Pensando en ellos me surgen las siguientes preguntas, ¿qué será de estas carismáticas aves en el futuro?, ¿serán los próximos pájaros dodo o lograremos darles el espacio vital que necesitan para persistir a pesar de nosotros?
Con mucho tesón se había trabajado para proteger al pingüino de Humboldt, que se encuentra catalogado en peligro de extinción dadas las presiones a las que se enfrenta como lo son las especies invasoras, las interacciones negativas con las pesquerías que producen muerte por ahogamiento y explotan las especies que son su alimento, entre otros. Con alegría nos enteramos que pronto saldría un decreto que lo protegería bajo la figura de Monumento natural, instancia que esperábamos lo llevara por una mejor senda, pero esta felicidad fue breve.
Junto con el cambio de mando se retiró una serie de decretos relacionados con temas medioambientales entre los cuales estaba el que buscaba fortalecer la protección al pingüino de Humboldt, pero los pingüinos no votaron y nosotros no tuvimos la suficiente fuerza para que esto no ocurriera. Es lamentable que la protección del medioambiente dependa de la buena voluntad de los que nos mal gobiernan y que piensan que estos son sólo problemas de unos “pajaritos” o “arañitas”.
Imaginemos por un momento la distopía de un Chile sin pingüinos: playas y roqueríos vacíos en el norte, silencio en las colonias de Chañaral o Puñihuil, playas y roqueríos sin esas torpes pero elegantes siluetas. Muchos lugares perderían no sólo parte de su biodiversidad, sino que las comunidades locales también perderían su identidad ¿es eso lo que queremos y para dónde vamos?, ¿nos quedaremos sin hacer nada frente a esta posible distopía?
Como persona que no sólo valora la naturaleza, sino que piensa que los desastres medioambientales terminarán por pasarnos la cuenta como especie, creo que es hora de darle a los pingüinos tribuna. No son sólo una romántica causa ambiental, sino que son la oportunidad para saber qué tipo de país es el que queremos, un país que entienda que su riqueza no sólo se extrae, sino que también se cuida y se conserva, que entienda que un ecosistema sano no es un obstáculo, sino que la base de un desarrollo sostenible.
¡Miremos más allá de nuestras narices y entendamos que la protección hacia nuestro ambiente debe empezar ahora! Países como Sudáfrica y Argentina han tenido éxito …. ¡nosotros también podemos!