Por Francisco Reyes C.
Consejero Regional de Los Lagos

No se trata sólo de fierro y cemento; se trata de la dignidad de una comunidad educativa que no resiste más dilaciones.
La acción pública regional y local y su fuerza articuladora está a prueba. Un análisis final no contemplado en ningún libreto deja la continuidad de las obras del Liceo Carmela Carvajal de Prat en una incógnita al límite, habiendo recursos regionales aprobados, proceso licitatorio finalizado y discursos públicos comunes. Todos dicen querer continuar con trabajos que quedaron abandonados a su suerte y a la desidia, pero nuevos factores de proyección de costos y una demanda aparecida por “arte de magia”, impiden otra vez lo esperable.
El centralismo tiene la decisión en sus manos, y pese a que en la región nos declaramos regionalistas, dejamos finalmente que en Santiago se vuelva a decidir por nosotros. Esta semana vence el plazo de la oferta de la empresa licitante, mientras la presión pública recae en todos quienes exhiben avances para destrabar pero que vuelven a tropezar, aumentando la confusión y la incertidumbre.
En la última sesión plenaria del Consejo Regional planteé la necesidad de enfrentar este problema “unidos”, desde una fuerza regional articuladora que demuestre al Ministerio de Obras Públicas y su Dirección de Arquitectura que un nuevo retraso es letal en costos y viabilidad. Pese a la negativa inicial de gestionar en la capital, hoy se anuncian reuniones y eventuales novedades. No se consiguió la “unidad de tarea”, pero sí la acción.
La “descentralización parte por casa”, hemos dicho muchas veces, cuando aseguramos capacidad articuladora local, fuerza movilizadora, propuesta de desarrollo de una comunidad regional capaz de resolver sus asuntos sin tener que retornar o deambular, de vez en cuando, al perímetro de La Moneda. El caso del emblemático liceo de Osorno es también la prueba concreta de los traspiés evitables: errores públicos, administrativos y técnicos que nos llevan, otra vez, a peregrinar a Santiago para demostrar que lo local se puede gestionar mejor.
La “incógnita al límite” debe despejarse con coraje político y eficiencia técnica, no con más oficios que duermen en carpetas. La fuerza regional debe ser real, o seguiremos siendo meros espectadores de nuestro propio destino.