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Dos nuevos estudios científicos reafirman la antigüedad de 14.500 años de Monte Verde

A 50 años del inicio de las investigaciones en el sitio arqueológico ubicado en la Región de Los Lagos, dos publicaciones independientes cuestionan las conclusiones de un reciente estudio que puso en duda la cronología e integridad de Monte Verde II.

 

 

Dos nuevas publicaciones científicas vuelven a situar a Monte Verde en el centro del debate internacional sobre el poblamiento temprano de América y entregan nuevos antecedentes para sostener que el sitio arqueológico corresponde a una ocupación humana de aproximadamente 14.500 años de antigüedad.

Los trabajos fueron publicados en la revista científica PaleoAmerica y surgen como respuesta al estudio encabezado por el arqueólogo Todd Surovell, junto a Christian Latorre, César Méndez y Antonio García, publicado en marzo de 2026 en Science, investigación que cuestionó la cronología tradicionalmente aceptada para Monte Verde II y planteó que el sitio podría corresponder a una ocupación considerablemente más reciente, del Holoceno medio.

Las nuevas investigaciones llegan desde dos frentes distintos. Una de ellas fue elaborada por un equipo interdisciplinario de más de 60 investigadores liderado por el Dr. Tom D. Dillehay, director del Proyecto Monte Verde desde 1976, junto al geólogo Dr. Mario Pino y otros especialistas que han participado durante décadas en las investigaciones del sitio.

La segunda corresponde a una evaluación completamente independiente realizada por geoarqueólogos y geólogos de Texas A&M University, University of Kansas, Oregon State University y University of Arizona, investigadores que no tienen vínculo con el equipo de Monte Verde.

Pese a sus diferentes procedencias, ambas publicaciones alcanzan una conclusión coincidente: los antecedentes presentados en el estudio de Surovell y colaboradores no son suficientes para descartar la ocupación humana de aproximadamente 14.500 años en Monte Verde II.

El debate por la cronología de Monte Verde

El cuestionamiento publicado en Science reabrió uno de los debates más relevantes de la arqueología americana.

Entre sus principales argumentos, Surovell y sus colaboradores plantearon que existiría una capa de ceniza volcánica, o tefra, de aproximadamente 11.000 años, situada bajo el nivel arqueológico de Monte Verde II. De acuerdo con su interpretación, esta evidencia impediría que la ocupación humana del sitio pudiera tener una antigüedad de 14.500 años.

El estudio también planteó una posible interrupción de la secuencia estratigráfica y propuso que parte de los materiales arqueológicos podrían haber sido transportados y redepositados por procesos fluviales.

Las dos nuevas publicaciones cuestionan estos argumentos y, particularmente, la interpretación de la evidencia geológica utilizada para sostenerlos.

El equipo encabezado por Dillehay sostiene que parte importante de las interpretaciones presentadas en el estudio cuestionado provienen de sondeos y exposiciones ubicados fuera del sitio arqueológico, mientras que las conclusiones de los investigadores de Monte Verde se basan en cinco décadas de excavaciones, perfiles estratigráficos, dataciones y estudios arqueológicos, geológicos y paleoambientales realizados directamente en el complejo.

Una secuencia estratigráfica que se mantiene intacta

Uno de los principales puntos de controversia corresponde precisamente a la supuesta presencia de una capa de ceniza volcánica de aproximadamente 11.000 años bajo Monte Verde II.

El nuevo análisis liderado por Dillehay sostiene que esta tefra no ha sido registrada en el lugar donde se encuentra el sitio arqueológico, pese a que durante aproximadamente cinco décadas se han estudiado más de un centenar de perfiles estratigráficos.

De acuerdo con los investigadores, la evidencia acumulada muestra una secuencia estratigráfica continua, sin la interrupción planteada por el estudio publicado en Science. Esta secuencia permitiría seguir la historia de formación del sitio desde los niveles más recientes hasta aquellos relacionados con la ocupación humana de aproximadamente 14.500 años.

La interpretación resulta especialmente relevante debido a que la antigüedad de Monte Verde no depende de una única evidencia o de una sola datación. Por el contrario, se sustenta en un conjunto de antecedentes arqueológicos y geológicos que han sido estudiados durante décadas.

Entre los materiales recuperados en Monte Verde II se encuentran huellas humanas asociadas a un fogón, restos de fogatas, herramientas, estacas de madera, algas marinas y distintas especies de plantas, con dataciones que se sitúan aproximadamente entre los 14.200 y los 14.500 años.

Para los investigadores, la distribución, asociación y estado de conservación de estos materiales resultan incompatibles con la hipótesis de que el conjunto haya sido arrastrado por agua desde otros sectores y depositado posteriormente en el lugar.

El Dr. Tom D. Dillehay sostiene que el debate científico debe continuar, pero siempre a partir del contraste de las hipótesis con la evidencia disponible.

“La ciencia avanza a partir del debate y del contraste de hipótesis, pero esas hipótesis deben sostenerse en la evidencia. Después de casi 50 años de investigación directa en Monte Verde, la estratigrafía, las dataciones y el conjunto de evidencias arqueológicas y geológicas continúan respaldando una ocupación humana de aproximadamente 14.500 años”, señala.

Una segunda evaluación independiente

El segundo artículo publicado en PaleoAmerica adquiere especial relevancia debido a que fue desarrollado sin vínculo con el equipo de Monte Verde.

El trabajo fue firmado por Michael Waters, Jessi Halligan, Rolfe Mandel, Justin Holcomb, Loren Davis y Vance Holliday, especialistas en geoarqueología y en el estudio del poblamiento temprano de América.

Los investigadores realizaron una revisión independiente de los fundamentos geológicos utilizados por Surovell y sus colaboradores y llegaron a conclusiones equivalentes respecto de la insuficiencia de esas evidencias para descartar la cronología de Monte Verde II.

Uno de los aspectos analizados corresponde a la denominada tefra Lepué, utilizada por Surovell y colaboradores como parte fundamental de su interpretación sobre la formación de las terrazas del sitio.

Según la evaluación independiente, esta tefra aparece también en niveles superiores de una terraza más antigua, denominada T3. Esta evidencia implicaría que dicha terraza y la incisión del cauce ya existían antes de los 11.000 años, y no después de ese momento, como plantea el estudio cuestionado.

A ello se agregan dos dataciones mediante luminiscencia ópticamente estimulada (OSL) que sitúan la formación de la superficie aluvial de Monte Verde entre aproximadamente 18.000 y 14.300 años, dentro del Pleistoceno tardío y no del Holoceno.

Los especialistas también cuestionaron la metodología utilizada para correlacionar capas de sedimentos de apariencia similar entre nueve puntos aislados a lo largo de aproximadamente cinco kilómetros.

Según su análisis, esta correlación presenta un problema conocido como homotaxis, al establecer correspondencias entre unidades sedimentarias sin demostrar necesariamente que tengan la misma edad o historia de formación.

La revisión también cuestiona que una misma terraza haya sido interpretada simultáneamente como erosional y depositacional, una situación que los investigadores consideran geológicamente incompatible.

Otro elemento central es que la tefra Lepué no fue encontrada físicamente bajo el sitio arqueológico de Monte Verde II, debilitando, según los autores de la evaluación independiente, uno de los pilares del argumento utilizado para cuestionar su antigüedad.

La conclusión de estos investigadores es que la evidencia presentada por Surovell y sus colaboradores no permite descartar una antigüedad cercana a los 14.400 años para Monte Verde II.

Cinco décadas de investigación

El nuevo intercambio científico ocurre precisamente cuando se cumplen 50 años del inicio de las investigaciones en Monte Verde, sitio descubierto y estudiado desde 1976 y que se transformó en uno de los lugares arqueológicos más importantes para comprender la presencia humana temprana en América.

La relevancia de Monte Verde radica no solamente en su antigüedad, sino también en las condiciones excepcionales de conservación que presenta.

La preservación de materiales orgánicos permitió recuperar evidencias poco frecuentes en otros sitios arqueológicos de similar antigüedad, incluyendo maderas trabajadas, estructuras, restos vegetales, algas y otros materiales orgánicos.

Este registro ha permitido reconstruir aspectos de la vida de las comunidades humanas que ocuparon el sur de Chile durante el Pleistoceno tardío y aportar antecedentes fundamentales para comprender sus estrategias de subsistencia, utilización de recursos y adaptación al ambiente.

Además, las evidencias de Monte Verde tuvieron un impacto significativo en el debate internacional sobre el poblamiento de América, al contribuir a cuestionar el paradigma que durante décadas situó a la cultura Clovis de Norteamérica como expresión de las primeras poblaciones del continente.

Un debate que vuelve a abrirse

La controversia científica de 2026 demuestra que la antigüedad de Monte Verde continúa siendo objeto de análisis y discusión entre especialistas.

El estudio publicado en Science puso en duda una cronología que durante décadas había sido respaldada por investigaciones arqueológicas, geológicas y paleoambientales. Las dos nuevas publicaciones, sin embargo, presentan argumentos destinados a cuestionar las bases geológicas y estratigráficas de esa interpretación.

Una de ellas proviene del propio equipo que ha investigado Monte Verde durante décadas; la otra, de investigadores externos especializados en geoarqueología.

La coincidencia entre ambos análisis adquiere especial importancia porque no se trata de una única respuesta del equipo de Monte Verde, sino también de una evaluación independiente que llega a conclusiones similares respecto de la evidencia geológica.

Así, a 50 años del inicio de las investigaciones, el sitio vuelve a estar en el centro de una discusión científica internacional que, lejos de cerrarse, pone nuevamente bajo análisis la evidencia utilizada para reconstruir las primeras ocupaciones humanas del continente.

Por ahora, las dos nuevas publicaciones sostienen que la evidencia arqueológica, geológica y paleoambiental acumulada en Monte Verde continúa respaldando una ocupación humana de aproximadamente 14.500 años, manteniendo al sitio como uno de los registros más relevantes para comprender el poblamiento temprano de América.

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