En el marco del Día Mundial de la Hepatitis, el Dr. Christian Smith, epidemiólogo de la Universidad Andrés Bello, advierte sobre los riesgos de las hepatitis B y C, y detalla las medidas esenciales de autocuidado, higiene y vacunación para evitar complicaciones graves como el cáncer hepático.

Cada 28 de julio se conmemora el Día Mundial de la Hepatitis, fecha instaurada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para concientizar sobre una patología inflamatoria del hígado que puede evolucionar de manera asintomática durante años antes de manifestar complicaciones severas como cirrosis o cáncer hepático. En este contexto, especialistas hacen un llamado urgente a reforzar las conductas de prevención y el diagnóstico precoz como las herramientas más eficaces para frenar su avance.
El epidemiólogo y académico de la Escuela de Medicina de la Universidad Andrés Bello (UNAB), Dr. Christian Smith, explicó que aunque existen distintos tipos de virus que generan esta inflamación, los tipos A, B y C son los que revisten mayor impacto en materia de salud pública debido a sus mecanismos de transmisión y consecuencias a largo plazo. “Las hepatitis B y C pueden evolucionar con el tiempo hasta convertirse en un cáncer hepático, que tiene un pronóstico complejo. Por eso la prevención sigue siendo la herramienta más importante”, advirtió el especialista.
Entre las principales recomendaciones para reducir los riesgos de contagio, el experto destaca en primer lugar el cuidado en el consumo de agua y alimentos para prevenir la hepatitis A, la cual se transmite por vía fecal-oral. Lavar minuciosamente frutas y verduras, consumir agua potable y evitar puestos de comida de dudosa procedencia o sin resolución sanitaria adecuada resultan medidas fundamentales, especialmente al realizar viajes a zonas de mayor riesgo.
En segundo término, la prevención de las hepatitis B y C exige el mantenimiento de relaciones sexuales protegidas. El especialista de la UNAB subrayó que la hepatitis B posee una transmisibilidad por vía sexual que incluso supera a la del VIH, por lo que el uso permanente y correcto del preservativo se mantiene como una de las barreras de protección más efectivas frente al contacto con fluidos o sangre infectada.
Asimismo, la revisión del esquema de vacunación y la atención a los factores de riesgo constituyen el tercer y cuarto pilar preventivo. Actualmente se dispone de vacunas seguras y eficaces para los tipos A y B, incluidas en diversos programas de inmunización. Dado que la infección suele cursar sin síntomas evidentes como ictericia o dolor abdominal, quienes hayan estado expuestos a conductas de riesgo deben someterse de forma oportuna a los exámenes serológicos correspondientes.
Finalmente, el Dr. Smith puso el foco en la hepatitis C, tipo para el cual aún no existe una vacuna disponible y cuyos registros han mostrado un preocupante incremento en el país. “En la última década hemos observado un incremento cercano al 41% de los casos de hepatitis C. Es una cifra que obliga a reforzar las medidas de prevención y educación, especialmente en la población sexualmente activa”, concluyó el epidemiólogo, reiterando que la educación y el diagnóstico a tiempo son determinantes para proteger la salud hepática de la población.