Aunque las exportaciones de lácteos crecieron un 18% en 2024, Chile continúa importando más leche de la que produce. La brecha preocupa especialmente a Los Lagos y Los Ríos, regiones líderes en producción. La Ley de Etiquetado no logró revertir la preferencia por productos importados.

El comercio exterior de lácteos en Chile sigue evidenciando una paradoja: el país exporta más, pero también importa más de lo que debería. Según el último Informe de Coyuntura de Aproval, las exportaciones de productos lácteos alcanzaron las 93.903 toneladas en 2024, un aumento del 18% respecto al año anterior. Esto equivale a 380 millones de litros de leche enviados al extranjero, la mayor cifra de la última década. Sin embargo, esta alza no logra tapar una realidad estructural: Chile produce menos leche de la que consume.
La dependencia del mercado externo quedó reflejada en los 793 millones de litros equivalentes que ingresaron al país, lo que equivale al 33% de la producción nacional. A pesar de una leve baja en las importaciones (-5% en volumen), la brecha sigue abierta. Para Los Lagos y Los Ríos —zonas que concentran casi el 70% de la producción lechera del país— este escenario es un desafío permanente para la competitividad de la cadena productiva.
Tampoco la Ley de Etiquetado de Lácteos, vigente desde 2019, logró inclinar la balanza. La norma buscaba que el consumidor privilegiara productos nacionales al identificar el país de origen en el envase, pero la historia fue otra: tras su implementación, Chile registró los mayores niveles de importación de las últimas décadas, con picos históricos en 2020 y 2021.
El informe también muestra que los principales destinos de la leche chilena son Estados Unidos (22,7%), México (15,4%) y Emiratos Árabes Unidos (12,7%), mientras que las importaciones vienen principalmente desde Argentina (23,7%), Estados Unidos (18,5%) y Alemania (11,7%).
Desde el sector productivo advierten que, aunque el consumo interno de leche ha crecido, alcanzando entre 140 y 145 litros per cápita al año, el gran desafío es cerrar la brecha estructural que hoy obliga a seguir dependiendo de la leche extranjera. Para ello, aseguran, es clave fortalecer la competitividad, la innovación y la eficiencia de la producción nacional, especialmente en el sur del país, donde está el corazón de la lechería chilena.