Desde su llegada a Puerto Montt Básquet, Carlos Moraga ha asumido el desafío de devolverle a la capital de la Región de Los Lagos un equipo de primer nivel para acceder a Liga 1 del básquetbol chileno.

Con su estilo directo y sin rodeos, Carlos Moraga le cuenta a mediapolis.cl cómo se ha gestado este proyecto y cuáles son sus expectativas para el futuro.
Hoy este osornino, ex gerente de Osorno Básquetbol, Las Animas de Valdivia, Puerto Varas, Español de Osorno, labor que combinará de forma paralela hasta mediados de año junto a Puerto Montt básquet, sueña con que Arena Puerto Montt sea la “casa del básquetbol de Puerto Montt y de la selección. Es un lugar imponente”, dice.
Aspira con el equipo de la capital regional a conseguir el ascenso a la Liga 1 y revolucionar el deporte de la anaranjada.
Carlos, ¿cómo surge el desafío de armar este equipo y cómo ha sido en tan poco tiempo consolidar su participación en la Liga 2?
La verdad es que todo fue bastante sorpresivo. En diciembre recibí un llamado de Luciano Belmar, con quien ya había conversado previamente de manera informal. Esperábamos los resultados de las elecciones municipales para ver si Rodrigo Wainraight quedaba al mando de la comuna y, una vez que eso se concretó, Luciano me llamó nuevamente. Me comentó que había muchas posibilidades de que él fuera el director de Deportes de la futura Dirección Municipal y que le interesaba mucho que yo me hiciera cargo del equipo profesional que querían implementar y fomentar desde la Municipalidad.
Lo conversé con mi familia. Llevo cinco años viviendo en Puerto Montt y trabajando en el Instituto Nacional de Deportes, así que era una buena oportunidad para estar más cerca de ellos, sobre todo de mi hija más pequeña. A nivel profesional, me motivaba mucho el desafío de rearmar el básquetbol en una ciudad donde, lamentablemente, las cosas no se han hecho bien. No es cuestión de nombres, es una realidad. El básquetbol femenino lleva dos años en los últimos lugares, con un tremendo esfuerzo de las jugadoras y dirigentes, pero sin recursos ni una estrategia deportiva. En el caso del masculino, el receso del CEB (Club Escuela de Básquetbol Puerto Montt) significó la desaparición del básquetbol profesional en la ciudad. Ese es el desafío que me plantearon y lo encontré interesante.
Mencionaste que el proceso no fue fácil. ¿Cuáles fueron las principales dificultades?
Los meses de enero y febrero fueron horribles. Muchas trabas, muchos problemas administrativos, todo mal. Pero hubo voluntades que quisieron colaborar, como Sergio Hernández y Julio Zuhayle quienes fueron clave para que no tirara la toalla. Luego se sumaron Patricio Foitzick, Luis Lillo, Samuel Rubio e Iván Vera. Gente ligada al deporte, pero que nunca había dirigido un club, lo que me permite trabajar con tranquilidad. El respaldo de Luciano Belmar ha sido imprescindible, al igual que la confianza que me entregó el alcalde. Si el alcalde no confiara en mí, yo no estaría aquí. Salir de Osorno fue difícil, porque era un equipo que armamos desde cero y donde tenía grandes amigos. Pero estoy convencido de que este nuevo proyecto puede ser algo grande.
Puerto Montt es una ciudad a la que le ha costado consolidar un equipo. El CEB no logró encantar del todo al público. ¿Cuáles son los desafíos de atraer a la gente y consolidar un proyecto a largo plazo?
Estoy convencido de que podemos cambiar esto. Partimos de cero, con una base nueva y con gente comprometida. Queremos armar un equipo competitivo, con una estrategia clara y un respaldo sólido. Esperamos que en el futuro esta entrevista sea recordada como el inicio de algo grande para el básquetbol de Puerto Montt.
Uno de los aspectos clave en los equipos que logran trascender es la estabilidad dirigencial y económica. ¿Cómo se están abordando esos aspectos en este nuevo proyecto?
Lo primero que hicimos fue armar un directorio con gente comprometida y que realmente entienda el desafío. No queríamos repetir errores del pasado, donde las decisiones se tomaban sin una planificación clara. Por eso, conformamos un equipo de trabajo que mezcla experiencia en gestión deportiva con profesionales de otras áreas que pueden aportar en la administración y búsqueda de recursos.
En términos financieros, sabemos que el financiamiento es la piedra angular para cualquier proyecto deportivo serio. Hoy estamos trabajando con fondos municipales, pero nuestra idea es avanzar hacia un modelo mixto, con apoyo del sector privado. No queremos depender exclusivamente de recursos públicos, porque eso te pone en una posición frágil a largo plazo. La clave está en generar confianza, tanto con los empresarios locales como con la comunidad, para que vean que este proyecto tiene un horizonte sostenible y que vale la pena apoyarlo.
En la cancha, ¿cuál es la visión deportiva para Puerto Montt Básquet?
Nuestra meta es ser competitivos desde el inicio. No queremos ser un equipo de paso, que solo participa sin aspirar a más. Por eso, estamos formando un plantel equilibrado, con jugadores de experiencia y jóvenes talentos que puedan crecer dentro del club. También hemos apostado por un cuerpo técnico con una filosofía clara: trabajo duro, identidad y compromiso con la ciudad.
Sabemos que el básquetbol en Puerto Montt tiene una base importante, pero hay que organizar mejor el proceso formativo. Queremos vincularnos con las escuelas, con los clubes locales y con las series menores, para que los niños y jóvenes vean un camino real para desarrollarse en el deporte sin tener que emigrar a otras ciudades.
Carlos, ¿cómo imaginas este proyecto en cinco años?
Me gustaría ver un equipo consolidado en Liga 1, con una identidad clara y un público fiel que nos acompañe en cada partido. También espero que hayamos podido fortalecer el trabajo en categorías formativas y que el básquetbol en Puerto Montt sea un referente a nivel nacional. Estamos empezando algo grande y queremos que la ciudad se sume a este sueño.
¿Qué destacarías de tu experiencia en otras ciudades?
He sido feliz en todos los lugares en los que he estado, pero, por diversas razones, aún no he encontrado ese lugar donde pueda establecerme por un período prolongado, como cinco años, desarrollando un proyecto deportivo a fondo. Por ejemplo, en Valdivia llegué gracias a Rudy Stange, pero al irse él, yo también tuve que partir. En Puerto Varas, me entusiasmó el proyecto de Osorno, con la idea de devolver a Osorno al profesionalismo. Aunque dejé ese proyecto, mantengo una excelente relación con Patricio Narváez, quien me llevó allí, y las puertas siguen abiertas para volver algún día. No tengo ningún problema con eso.
Ahora, en Puerto Montt, siento que aquí sí se puede construir algo grande. Ya tengo casa en esta ciudad, mi hija estudia aquí, y creo que podría ser el lugar donde desarrollar algo realmente importante.
¿Cómo evalúas tu paso por Osorno y el impacto que tuviste en el equipo?
La verdad, creo que le entregué todo lo que podía a Osorno, incluso sin contar con mucho apoyo. Esa es la realidad, aunque a la gente de Osorno no le guste escucharlo. Este equipo (Español de Osorno) es, en gran parte, fruto del esfuerzo de Jorge Orellana, un empresario de Santiago (Bonísimo), quien aportó alrededor del 60% (del presupuesto). Luego vino el apoyo de (la empresa de apuestas) Coolbet, también de Santiago. Si miras la camiseta de Osorno, prácticamente no hay empresas locales.
El aporte de la municipalidad, bajo el alcalde (Emeterio) Carrillo, era importante, pero no fundamental. Lo que marcaba la diferencia era la buena relación que teníamos: él te apoyaba, te acompañaba a las empresas, y eso hacía que las cosas funcionaran. Con el alcalde (Jaime) Bertín, está ocurriendo lo que todos sabíamos que iba a pasar: el deporte está empezando a decaer. Aunque ahora no se note, en unos meses será evidente. Cada persona tiene sus prioridades, y respeto las de él, pero no eran compatibles conmigo. Llegué con el alcalde Carrillo y, siendo consecuente con mis principios y valores, me fui con él.
Has mencionado el arraigo en varias ocasiones. ¿Qué significa para ti y cómo lo has vivido en otros lugares?
Para mí, el arraigo se da dónde te quieren, donde te sientes respetado y valorado. He tenido la fortuna de vivirlo en Valdivia, en Las Ánimas, donde fue un proceso hermoso. Incluso hay un mural, y cada vez que voy, la gente me recuerda con cariño, me abraza y me saluda porque tienen memoria de lo que les entregué.
En Puerto Varas también tengo muchos amigos. Fuimos bicampeones, y hasta donde sé, Puerto Varas no volvió a ganar después de que me fui, ni había ganado antes desde los tiempos de Provincial Llanquihue. Creo que los resultados hablan por sí solos, y eso es lo que genera el verdadero arraigo.
¿Qué representa el deporte para ti en este momento de tu carrera?
Más allá del lugar, lo que más me importa es trascender. El deporte ya no se vive como antes, esa época en la que los dirigentes dedicaban su tiempo libre por amor al deporte. Hoy, el deporte es una industria que mueve presupuestos enormes, de 400 ó 500 millones de pesos, y necesita profesionales capacitados a cargo. Me considero un buen profesional y creo que he hecho las cosas bien, aunque, por supuesto, eso genera tanto apoyos como detractores. Entiendo que muchas veces quienes me critican son aquellos con los que he decidido no continuar, pero es parte del juego.
Algo que no me gusta es cuando falta memoria sobre lo que uno ha hecho, pero entiendo que así funciona este mundo, especialmente en el básquet. Al final, lo que hablen mis resultados es lo que realmente importa.
En Puerto Montt, ¿cómo has enfrentado los comentarios críticos hacia tu estilo?
En esta ciudad también he encontrado comentarios, por ejemplo, que “Moraga llega, hace lo que quiere y se apodera de todo”. Mi respuesta es siempre la misma: sí, soy avasallador. Me gusta que las cosas se hagan de inmediato, incluso me bromean diciendo que siempre pido todo “para ayer”. Pero así soy, apasionado y entregado al 100%.
Puerto Montt es mi hogar, mi equipo y mi ciudad. Mi objetivo es desvivirme porque Puerto Montt salga campeón, y espero quedarme mucho tiempo aquí, porque realmente creo que hay mucho potencial para desarrollar grandes proyectos. Siempre he pensado que, si alguien invierte tiempo y recursos en mí, mi responsabilidad es entregar todo mi esfuerzo, y creo que esa también debe ser la mentalidad en cualquier posición relacionada con el deporte.
Carlos, hablando un poco del panorama más amplio, ¿cómo ves el desarrollo del básquetbol profesional en las distintas ligas hoy en día?
Creo que este año es muy importante porque estamos dando un paso más hacia el profesionalismo. Aunque hay cuestionamientos por jugar tres partidos a la semana, prefiero enfocarme en lo positivo: hay mucho básquetbol, muchos partidos televisados, y las marcas tienen gran visibilidad. Sin embargo, aún falta que más planteles puedan competir a ese ritmo. Actualmente hay una notable diferencia entre equipos: algunos como (la Universidad de) Concepción, Leones (de Quilpué), (Español de) Osorno, y quizá Sportiva Italiana, Puerto Varas o Ancud están bien posicionados, mientras que otros, como Las Ánimas, Español de Talca, Católica, y Valdivia, están bastante rezagados. Esa brecha debe reducirse para que la liga siga creciendo.
En cuanto a los jugadores extranjeros, es interesante ver perfiles de alto nivel como el de Las Ánimas, que tiene un extranjero con un salario de 10 mil dólares, o los de Leones y Concepción, que son figuras destacadas en Latinoamérica. En contraste, equipos como Osorno han apostado por jugadores más humildes, pero cuentan con una de las mejores plantillas nacionales.
¿Y cómo calificarías este torneo en comparación con otros que has vivido?
Sin duda, este es el torneo más desafiante de mi carrera deportiva en estos últimos ocho años. Las bases de este torneo imponen restricciones que nivelan la balanza, como la prohibición de jugadores que hayan competido en primera edición este año, lo cual limita las opciones. Además, el formato es muy competitivo: son 20 equipos, pero solo sube uno, lo que hace todo más complicado.
A esto hay que sumar el aspecto logístico. Por ejemplo, nuestro equipo tiene que recorrer cerca de 6 mil kilómetros en el primer mes y medio debido a que nuestros rivales están en Concepción y Temuco, mientras que los equipos de Santiago solo necesitan tomar el metro para jugar. Esto implica gastos adicionales en hoteles y vuelos, lo que nos obliga a administrar aún más cuidadosamente los recursos.
Hablando de tu equipo, ¿qué características destacarías de su preparación?
Nuestro objetivo es siempre marcar la diferencia entrenando más, viajando mejor, comiendo adecuadamente y preparando los partidos de la mejor forma posible. Todos los jugadores del plantel son profesionales dedicados exclusivamente al básquetbol. Incluso quienes estudiaban han adaptado sus estudios para centrarse en el deporte.
Por ejemplo, nuestro extranjero, Leyder Moreno, es un jugador con experiencia en la primera división y miembro de la selección colombiana. Estamos emocionados con su llegada, que se concretó gracias a mi relación con John Mario Tejada, general manager de Toros del Valle en Cali. También en el equipo femenino estamos elevando el nivel con la llegada de Betsy Guilarte, seleccionada cubana, y estamos cerrando acuerdos con otras jugadoras de alto rendimiento.
Mencionaste que también están trabajando en potenciar las series menores. ¿Cuál es la visión para estas iniciativas?
Nuestro enfoque inicial ha sido construir una base sólida con las academias y los equipos profesionales, pero nuestra visión a futuro incluye competir a nivel nacional con nuestras propias series menores. Nos entusiasma que Samuel Rubio y la Academia KR se unan a nosotros, lo que nos ahorra al menos tres años de trabajo y nos brinda más de 80 niños para desarrollar.
A medida que avancemos, queremos participar en todas las competencias posibles, como la Liga de Desarrollo y FemiSur, con un plan gradual y sin apresurarnos. Nuestra llegada ha generado mucho ruido, pero hemos buscado integrarnos de forma respetuosa, sumando sin interferir con los demás clubes. Siempre he creído que, si al club profesional le va bien, también le irá bien a las series menores y al desarrollo infantil.
¿Qué metas tienen a mediano plazo para consolidar el proyecto?
Aspiramos a que, para el año 2027, estemos compitiendo al más alto nivel en la primera edición masculina y femenina, siendo protagonistas. También queremos que las series menores sean una parte integral de este desarrollo. Este objetivo abarca tanto el aspecto deportivo como el trabajo comunitario, involucrando a la asociación y las academias locales para promover el básquetbol en Puerto Montt.
Respecto a las damas, ¿cuáles son los planes y desafíos para este semestre?
Este segundo semestre vamos a invertir un poco más en el básquetbol femenino. Las ligas femeninas suelen durar dos meses, por lo que es más fácil arriesgar e invertir en ellas. Sin embargo, lo más importante para nosotros es generar identidad y confianza en lo que hacemos, lo cual no es sencillo. Siempre habrá personas que deseen que te vaya bien, pero también quienes prefieren lo contrario. Nuestro reto es cambiar esa percepción, que incluso quienes no nos apoyan lleguen a respetar nuestro trabajo por el bien de la ciudad.
Para mí, la identidad se logra ganando. Un equipo que pierde continuamente no suma adeptos, salvo casos excepcionales. Debemos acostumbrarnos a ganar y a ser protagonistas, que es mucho más alcanzable que ser campeones. Además, queremos que los niños sueñen con formar parte del equipo adulto. Para ello, los niños deben sentirse valorados: bien vestidos, bien entrenados y bajo la guía de excelentes profesores. Contamos con entrenadores reconocidos como Martín Jaimez, Erik Báez y estamos planeando sumar más profesionales de alto nivel.
Este arraigo también depende del compromiso de los jugadores. Participamos juntos en actividades como la de hoy con un sponsor, y aprovecho de invitar a las empresas a colaborar. Con apenas un 2% de las empresas de Puerto Montt aportando al básquet y al fútbol, ambos equipos podrían llegar a Primera División en muy poco tiempo.
Hablabas de comunidad. ¿Qué iniciativas están llevando a cabo en conjunto con Deportes Puerto Montt?
Creemos que somos la imagen profesional de la ciudad, y no tenemos que competir por el público, sino apoyarnos mutuamente. Estamos generando vínculos con el fútbol local; por ejemplo, hemos conversado con figuras como Pablo (Soto) y Elías (Lazcani, dirigentes de Deportes Puerto Montt), con quienes planificamos actividades conjuntas. Queremos que los jugadores de fútbol asistan a los partidos de básquet y viceversa, fomentando una verdadera comunidad. Puerto Montt es una ciudad pequeña donde todos nos conocemos, y esa mística de ciudad es esencial para generar arraigo entre empresas, aficionados y jugadores.
Finalmente, ¿cómo ves el crecimiento del básquetbol a nivel local y nacional?
El básquetbol en general ha crecido mucho. La Federación de Básquetbol ha hecho un trabajo extraordinario. Aunque Irán (Arcos, el presidente) tiene sus detractores, hay que reconocer lo bien que se ha fortalecido el deporte, tanto en infraestructura como en resultados, con la selección en su mejor momento.
Por otro lado, la Liga Nacional aún tiene desafíos. Mi opinión, aunque impopular, es que la Liga debe ser jugada por clubes que estén realmente preparados para participar. También es crucial desarrollar una estrategia para vender mejor la Liga como producto. Actualmente, a los clubes no les llega dinero porque la Liga no tiene grandes auspiciadores. Esto genera malestar, ya que los clubes sienten que solo gastan y no reciben beneficios directos.
Dicho esto, año a año se han logrado avances: hay más pantallas LED, equipos de baile y mejores espectáculos en general. En Puerto Montt queremos implementar estas mejoras, alineándonos con países como Argentina o Brasil, y apuntando al estándar de la NBA. Es un camino lento, pero cada paso es importante.
¿Crees que la falta de apoyo empresarial afecta el desarrollo de este deporte?
Sí, y no solo al básquet, es un tema transversal. Hoy en día, las casas de apuestas son prácticamente las únicas patrocinadoras. A nivel político, falta una legislación que fomente el apoyo de las empresas al deporte. Cuando eso se regule, el básquetbol chileno tendrá más oportunidades de crecimiento. Mientras tanto, debemos seguir generando contenido positivo y buscando apoyo para consolidar este deporte, no solo como un espectáculo, sino como un orgullo para nuestras comunidades.
Tu trabajas con una casa de apuestas como sponsor (Coolbet). ¿Cuál es tu visión sobre ellas y cómo podrían integrarse mejor en el contexto actual? Todo a propósito de la indagatoria de un partido de la Liga 1.
Primero, hay que aclarar algunos puntos porque hay bastante desconocimiento. Las casas de apuestas no arreglan partidos, eso es un mito. De hecho, las empresas serias invierten en sistemas para detectar fraudes. El problema no son las casas de apuestas, sino los deportistas que se coluden para obtener ganancias de manera deshonesta.
Las casas de apuestas ya existían en Chile hace años, aunque no estuvieran reguladas. Ahora el tema explotó y hay que abordarlo. Estas empresas son legales en países con legislaciones estrictas, como Inglaterra, y están presentes en ligas de Brasil, Estados Unidos, Europa y Argentina. No hay razón para que aquí no puedan operar; lo que necesitamos es regularlas adecuadamente.
Mi propuesta sería establecer un marco regulatorio que permita al Estado recaudar impuestos de estas empresas y destinar esos fondos directamente al deporte, ya sea a través del Ministerio del Deporte o el Instituto Nacional de Deportes. Es una oportunidad para fortalecer las políticas deportivas y apoyar tanto al alto rendimiento como al deporte formativo.
Hoy en día, las casas de apuestas invierten millones en el fútbol, pero otros deportes quedan excluidos por normativas que lo prohíben. Esto es injusto, porque el fútbol es el que menos necesita este apoyo. Equipos como Colo Colo pueden encontrar patrocinadores fácilmente, pero en ciudades como Puerto Montt, dependemos mucho más de estos aportes.
En cuanto al patrocinio local, ¿cuál crees que es el desafío para obtener más apoyo de las empresas de la zona?
Es una pregunta importante. Por ejemplo, ¿por qué esperamos que empresas de fuera confíen en nuestros equipos cuando deberíamos tener el respaldo de las empresas locales? Puerto Montt es una ciudad industrial y salmonera, pero nuestra camiseta aún no tiene una salmonera en el pecho. Eso debería cambiar.
El arraigo no solo debe provenir del equipo, sino también de las empresas y la comunidad. Necesitamos generar un producto atractivo para que las empresas locales se interesen. No se trata solo de pedir dinero, sino de ofrecer un valor real. Estamos trabajando para profesionalizar aún más el club, desde el entrenamiento hasta los viajes y la infraestructura, para garantizar que los jugadores tengan las mejores condiciones y sientan la obligación de ganar.
Finalmente, ¿qué expectativas tienes para el futuro del equipo y la comunidad deportiva en Puerto Montt?
Espero que pronto veamos un gimnasio lleno, una camiseta llena de patrocinadores locales y un equipo que sea motivo de orgullo para la ciudad. Hemos avanzado mucho en poco tiempo: ya tenemos balones, ropa adecuada, entrenamos con equipos de calidad, contamos con médicos y kinesiólogos, y financiamos todo con el apoyo de empresas como Coolbet a quienes estamos muy agradecidos.
Nuestra meta es consolidar a Puerto Montt como un referente en el básquetbol nacional, tanto a nivel profesional como formativo, y convertirnos en un símbolo de arraigo y comunidad para nuestra ciudad.