Tras la condena a muerte dictada en Siria, expertos afirman que es “prácticamente imposible” que el Kremlin entregue al exmandatario refugiado en Moscú, al estar en juego la credibilidad de Rusia frente a sus aliados y sus intereses militares en el Mediterráneo.

La condena a muerte dictada en Siria contra el exmandatario Bashar al Asad volvió a poner al exlíder en el centro de la pauta geopolítica global. Refugiado en Rusia desde su salida del poder, permanece fuera del alcance de las autoridades de Damasco, abriendo una interrogante clave: ¿existen posibilidades reales de que Moscú lo entregue a la justicia?
Para Marcelo Pérez, analista internacional de la Universidad Andrés Bello (UNAB), un escenario de extradición resulta prácticamente nulo debido al compromiso de asilo adquirido por el Kremlin y al costo que tendría en su política exterior.
“Rusia no puede darse el lujo de entregar a un aliado a quien Moscú le garantizó asilo político y protección. Si hiciera una maniobra así con Al Asad, perdería toda credibilidad con otros aliados que buscaran su apoyo en el futuro”, explica el académico.
El historial del asilo ruso y los activos estratégicos en Siria
Pérez destaca que el caso de Al Asad no es aislado, recordando a figuras como Viktor Yanukóvich, Erich Honecker o Askar Akáyev, exgobernantes que buscaron asilo en Rusia tras su caída y nunca fueron entregados pese a las presiones internacionales.
Más allá del costo reputacional, la relación entre Rusia y Siria se sostiene en un profundo interés geoestratégico. La presencia de instalaciones como la base naval de Tartús —el único acceso permanente de Rusia al mar Mediterráneo— y la base aérea de Jmeimim representan activos militares clave que Moscú busca preservar en Oriente Medio para contener la influencia de EE.UU. y la OTAN.
Efecto interno en Damasco y el futuro de las relaciones bilateral
Respecto a la solicitud de extradición formulada por las nuevas autoridades sirias, el analista plantea que responde más a una estrategia de consumo interno que a una expectativa real de concretarse:
“Justifica al nuevo gobierno sirio con su gente, mostrando que está haciendo lo posible para que Al Asad enfrente la justicia, mientras se valida internacionalmente en materia de derechos humanos”, sostiene Pérez.
Pese a la tensión inicial, el experto anticipa que la presencia militar y diplomática forzará a Moscú y Damasco a sentarse a negociar: “Serán conversaciones frías al principio, pero a medida que el tiempo pase, el nombre del exdictador se irá desvaneciendo para dar paso a las necesidades estratégicas entre ambos países”.