Académica de Kinesiología de la Universidad Andrés Bello analiza la relación entre las bajas temperaturas y las molestias articulares en invierno, entregando pautas clave para prevenir molestias sin dejar de moverse.

Frente al intenso sistema frontal y las bajas temperaturas que afectan a gran parte del país, vuelve a cobrar fuerza la popular creencia de que el frío causa directamente dolores en la espalda, el cuello o las rodillas. Sin embargo, la evidencia científica más reciente indica que la relación no es de causa y efecto directo para la población general, sino que está condicionada por múltiples factores conductuales y fisiológicos propios de la época invernal.
Waleska Reyes, académica e investigadora de la carrera de Kinesiología de la Universidad Andrés Bello (UNAB), precisa que no existe consenso para culpar al clima del dolor musculoesquelético. “No podemos decir que el frío cause dolor de espalda o de rodilla en todos los casos. Lo que sí sabemos es que puede influir en cómo percibimos el dolor y favorecer condiciones que aumentan las molestias, como el sedentarismo, las malas posturas o la rigidez muscular”, señala la especialista.
La literatura médica muestra que solo en patologías específicas, como la artrosis o condiciones de exposición laboral prolongada al frío extremo, existe una asociación consistente con el aumento de molestias. En contraste, para dolores lumbares comunes o problemas leves de rodilla, la ciencia no ha logrado comprobar una relación directa con el termómetro, apuntando en cambio al cambio de hábitos invernales como el verdadero detonante.
Durante los meses más fríos, las personas tienden a reducir la actividad física, pasan más tiempo sentadas y adoptan posturas de tensión corporal para contrarrestar el frío. Este conjunto de dinámicas, sumado al acortamiento y rigidez muscular, favorece la aparición de contracturas. Por lo tanto, el frío actúa principalmente como un factor facilitador o acompañante del malestar, mientras que la falta de movimiento corporal es la causa de fondo.
No obstante, la investigadora aclara que existen excepciones donde el ambiente frío sí desencadena síntomas clínicos reales. Cuadros como el fenómeno de Raynaud —caracterizado por espasmos en los vasos sanguíneos de pies y manos— o ciertos tipos de disautonomía generan una alta intolerancia a las bajas temperaturas. Fuera de estos diagnósticos, la recomendación médica central para la población general es no suspender el ejercicio ni la movilidad articular.
Finalmente, para prevenir estas molestias en invierno, la kinesióloga aconseja vestir por capas —resguardando especialmente la zona lumbar y el cuello—, realizar un adecuado calentamiento previo a cualquier esfuerzo, retirar la ropa húmeda de inmediato y mantener una rutina de ejercicios constante. La especialista enfatiza que, ante dolores persistentes o incapacitantes, se debe consultar a un profesional, recordando que el invierno no tiene por qué ser sinónimo de dolor si se mantiene el cuerpo en movimiento.