Gremios del sur abordaron los desafíos tecnológicos en la producción de alimentos. Coincidieron en que el capital humano será decisivo para enfrentar el cambio.

La transformación tecnológica en la industria alimentaria ya no es una proyección futura, sino una realidad que está redefiniendo los modelos productivos en el sur de Chile. En ese escenario, representantes de los principales gremios coincidieron en que la sostenibilidad y el desarrollo del capital humano son factores estratégicos para enfrentar el avance de la inteligencia artificial.
El análisis se dio en el marco del seminario “Los Lagos: Potencia Alimentaria II”, instancia que reunió a actores clave de los sectores lechero, cárnico y salmonero. El panel estuvo integrado por Gabriela Serrano (Aproleche Osorno), Tomás Monge (SalmonChile), Hermann Rusch (Sago) y Rodrigo Mardones (Agrollanquihue), con la moderación de Juan Osvaldo Mora.
Uno de los ejes centrales fue el cambio de paradigma en la producción. Hermann Rusch enfatizó que la incorporación tecnológica no es opcional, sino parte estructural del desarrollo del sector, destacando que la modernización permite avanzar hacia procesos más eficientes y respetuosos con el entorno.
Desde la industria salmonera, Tomás Monge relevó la creciente integración entre el agro y la acuicultura, subrayando que hoy existe una cadena productiva interconectada que opera bajo estándares de economía circular, fortaleciendo la sostenibilidad en toda la industria.
En el ámbito lechero, Gabriela Serrano destacó el impacto de la innovación en los sistemas productivos, mencionando tecnologías como la ordeña robótica y los dispositivos de monitoreo animal, herramientas que permiten mejorar la calidad y trazabilidad de la producción, manteniendo el valor distintivo de la leche de praderas.
Por su parte, Rodrigo Mardones abordó el rol de la agricultura de precisión como respuesta a los desafíos climáticos y económicos. Asimismo, el panel coincidió en que el mayor reto está en la formación de capital humano, advirtiendo que la adaptación de los sistemas educativos será clave para cerrar brechas y asegurar la competitividad futura del sector.