El costo de la vida al alza: Desafíos para una respuesta regional

La resignación no es una opción. El desarrollo de la Región de Los Lagos exige que los actores clave asuman roles activos y diferenciados para frenar el impacto de las alzas.

Por Francisco Reyes Castro Consejero Regional de Los Lagos

 

 

La semana que cerramos nos deja una certeza amarga en el bolsillo de las familias de nuestra región: la vida está más cara y el costo de producir, emprender y subsistir ha tomado una curva ascendente que amenaza con asfixiar la economía doméstica. Desde Quellón o Chaitén por el sur y hasta San Pablo por el norte de la región, el fenómeno de “la vida al alza” no es sólo una estadística macroeconómica; es una realidad que golpea con fuerza la puerta de los hogares y nuestras unidades productivas. A mayor aislamiento, mayor carestía.

El escenario internacional, marcado por conflictos bélicos, sumado a una evidente contracción económica nacional, ha generado una presión insostenible. Esta semana hemos visto cómo las medidas anunciadas a nivel central, lejos de ofrecer un respiro, parecen profundizar la incertidumbre.

La cadena productiva regional —motor de nuestro desarrollo— está sintiendo el rigor de este incremento de costos. La lechería y la producción agroalimentaria podría enfrentar alzas en insumos y logística que, inevitablemente, terminan materializándose en el precio final que paga el vecino y la vecina.

Pero hay un factor aún más crítico: el empleo. La relación entre producción y empleabilidad es directa. Cuando el costo de producir se eleva, la primera línea de ajuste suele ser el capital humano. Estamos viendo una amenaza real a la estabilidad laboral de nuestra región. Especialmente preocupante es el impacto en la economía familiar campesina y en la pequeña empresa, que son las que sostienen el tejido social de Los Lagos.

Esta crisis tiene un rostro particularmente invisible pero doloroso: el de las mujeres jefas de hogar. El alza en el valor del transporte y los servicios básicos está empujando a muchas de ellas a una encrucijada inaceptable: evaluar quedarse en casa porque salir a trabajar hoy les resulta más caro que el ingreso percibido. Es una “obligación silenciosa” de retorno al hogar por falta de rentabilidad, lo que constituye un retroceso en la autonomía económica femenina que no podemos permitir.

Ante este panorama, la respuesta del Estado no puede ser el repliegue. Resulta contradictorio que, en momentos de contracción, se hable de recortes presupuestarios ministeriales y regionales. La austeridad no puede pasar por sacrificar la inversión que genera empleo. Necesitamos una contención del desempleo que sea rápida y eficaz, con un plan de empleo público centrado en la protección de los puestos de trabajo para las mujeres y el fomento a la microempresa familiar.

Ante este escenario, la resignación no es una opción. El desarrollo de la Región de Los Lagos exige que los actores clave asuman roles activos y diferenciados para frenar el impacto de las alzas.

Requerimos innovación frente a cualquier inercia privada. El sector tiene el desafío ético y económico de aportar con ideas de innovación real. No podemos permitir que las empresas se transformen en meros replicadores de anuncios de alza en la prestación de servicios. La creatividad empresarial debe volcarse hoy a encontrar eficiencias que contengan los costos, protegiendo al consumidor y manteniendo la cadena de valor sin traspasar mecánicamente cada crisis al bolsillo ciudadano.

Por otro lado, urge una academia con sentido de realidad. Nuestra región universitaria no puede ser espectadora. La academia y las universidades regionales deben proporcionar un cuestionamiento permanente, generando análisis y propuestas ligadas directamente a los problemas de nuestra economía. Necesitamos datos locales y soluciones académicas aterrizadas que ayuden a descifrar y mitigar las alzas.

En complemento, urgen liderazgos políticos de contención. Desde la política regional y el Gobierno Regional, nuestra tarea es clara: contención y búsqueda de políticas públicas localizadas. Debemos diseñar herramientas que nazcan de nuestra matriz productiva diversa, pero que siempre apunten a fortalecer los mecanismos de producción local. El liderazgo hoy se mide en la capacidad de ofrecer respuestas que no dependan del centralismo, sino de nuestra propia capacidad de gestión y protección del empleo.

La vida en Los Lagos no puede seguir al alza mientras el presupuesto para su gente va a la baja. Es momento de que el Gobierno Central entienda que las regiones necesitamos herramientas de fomento, no tijeras que corten la esperanza de un desarrollo justo y equitativo.

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