Especialistas explican que conversar con perros o gatos refleja un lazo afectivo profundo entre personas y animales. Desde la psicología, este comportamiento se asocia al bienestar emocional y a nuevas formas de apego.

Hablarle a un perro como si entendiera cada palabra, contarle cómo estuvo el día o incluso pedirle “opinión” sobre alguna decisión se ha vuelto una escena cada vez más común en los hogares chilenos. Lo que para algunos puede parecer una simple costumbre, para la psicología revela un tipo de vínculo emocional cada vez más presente entre las personas y sus mascotas.
La Dra. Miriam Pardo Fariña, académica de Psicología de la Universidad Andrés Bello, explica que este comportamiento responde a procesos afectivos profundos que fortalecen la relación entre humanos y animales. Según señala, cuando una persona conversa con su mascota está proyectando en ella atributos humanos que ayudan a consolidar un vínculo emocional positivo.
Este fenómeno está asociado al concepto de antropomorfismo, que consiste en atribuir características humanas a los animales. En el caso de las mascotas, esto se traduce en gestos cotidianos como hablarles, ponerles apodos, celebrar sus comportamientos o buscar su compañía en momentos de estrés o preocupación.
De acuerdo con la especialista, este tipo de interacción no solo fortalece el vínculo afectivo, sino que también permite comprender mejor cómo las personas procesan sus emociones. Los perros, por ejemplo, son capaces de interpretar el tono de voz, la intención y el estado emocional de sus dueños, respondiendo con gestos, posturas o comportamientos que refuerzan esa conexión.
Desde la perspectiva psicológica, hablar en voz alta frente a una mascota puede incluso tener beneficios cognitivos. La académica señala que verbalizar pensamientos ayuda a organizar ideas, revisar decisiones y mantener la concentración en determinadas tareas.
En ese contexto, la presencia de una mascota genera un entorno emocional seguro que favorece la creatividad y reduce la tensión. Compartir estos momentos con un animal puede facilitar la aparición de nuevas ideas y mejorar el estado de ánimo.
Otro aspecto relevante es su relación con prácticas de bienestar como el mindfulness. Actividades simples como acariciar a un perro, jugar o salir a caminar junto a él ayudan a centrar la atención en el presente, disminuyendo los niveles de estrés y promoviendo una mayor conciencia del propio estado emocional.
Aunque este vínculo puede convertirse en un importante refugio emocional, la especialista enfatiza que no reemplaza las relaciones humanas. Sin embargo, sí puede ofrecer compañía significativa y contribuir a aliviar sentimientos de soledad o angustia, fortaleciendo el bienestar psicológico de las personas.