La última escena de Teresita Reyes

La actriz nacida en Osorno y de raíces palestinas falleció a los 74 años. Su partida cierra una era dorada de la televisión chilena, pero su legado queda vivo en la memoria colectiva.

La madrugada del sábado 24 de mayo bajó el telón para María Teresita de Jesús Reyes Aleuanlli, actriz chilena de entrañable trayectoria, cuya voz, rostro y fuerza interpretativa marcaron a generaciones. La causa: dos cánceres simultáneos —mandibular y estomacal— que la mantuvieron internada en sus últimos días. Su muerte enluta al teatro, la televisión y a todo un país que alguna vez la sintió como parte de su familia.

Nacida en Osorno el 4 de febrero de 1950, Teresita siempre destacó con orgullo sus raíces palestinas, heredadas de su madre. Esa herencia cultural —profunda, intensa— pareció también acompañarla en su carácter: resiliente, apasionada y sin miedo a decir lo que pensaba. Su vocación por el arte se manifestó temprano y la llevó a estudiar actuación en la Universidad Católica, en la Escuela de Arte de las Comunicaciones, donde comenzó un viaje artístico que no tendría vuelta atrás.

Su debut en televisión fue en 1981, en la recordada telenovela Villa Los Aromos. Desde entonces, su carrera se desplegó sin pausas, participando en una amplia gama de producciones en TVN y Canal 13, donde asumió personajes que iban desde la comedia entrañable hasta el drama humano más profundo. Fue, sin exageración, una actriz capaz de hacer reír y llorar en la misma escena.

Durante los años 80 y 90, Teresita Reyes se convirtió en uno de los rostros femeninos más reconocibles de la pantalla chica chilena. Supo moverse con soltura en formatos distintos, con una versatilidad que la hacía cómoda tanto en roles protagónicos como en esos secundarios que terminaban robándose el corazón del público.

Pero más allá de los libretos, Teresita se ganó un lugar especial por su forma de ser fuera de escena: frontal, cercana, maternal, con opiniones claras y una humanidad que traspasaba las cámaras. Fue una mujer de convicciones, con un humor ácido y una voz propia en tiempos donde no era fácil tenerla.

En los últimos meses, enfrentó su enfermedad con la misma franqueza que la caracterizaba. Habló de su diagnóstico sin rodeos, con la serenidad de quien ha vivido intensamente y con la valentía de una actriz que siempre eligió la verdad como método y como destino.

Hoy, su ausencia deja un espacio difícil de llenar. Pero su legado —rico, diverso, profundamente chileno— permanece en las memorias de quienes alguna vez compartieron una escena con ella o simplemente se emocionaron frente a la pantalla. Teresita Reyes no fue solo una actriz: fue una de las grandes narradoras del alma nacional.

Y desde su natal Osorno —ciudad a la que nunca dejó de nombrar—, hasta las luces de los grandes estudios, su arte y su humanidad seguirán siendo una lección para quienes creen que actuar es también un modo de amar.

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