Formación de Profesores en Los Lagos: un compromiso ineludible

Carlos Martínez Méndez Docente Pedagogía en Educación Media en Matemática y Computación, ULagos

Desde mi experiencia personal quiero referirme a una coyuntura preocupante, que interpela directamente a quienes somos formadores de los profesores que hoy necesita con urgencia, nuestro país y, en particular, las regiones.

Nací y crecí en la capital, pero al titularme decidí emprender un camino distinto: vivir y conocer otra parte de Chile. Con el paso de los años, esa decisión me permitió desarrollar una carrera académica en el sur, con un foco especial en la formación de profesores de matemática y computación. Ha sido un recorrido profundamente gratificante, no solo por el desafío de integrarme a un territorio inicialmente desconocido, sino también, por la riqueza de ir comprendiendo cómo este mismo territorio moldea la identidad y el carácter de quienes lo habitan. Al mismo tiempo, ha sido una experiencia desafiante, pues la educación en Chile —su sistema, organización y regulaciones— ha estado, y probablemente seguirá estando, atravesada por un exceso de normativas y visiones contrapuestas de “calidad” que muchas veces tensionan el quehacer educativo.

Hoy, en el parlamento, se discute una nueva arista del sistema educativo, en el marco de la Ley 20.903, que en 2016 creó el Sistema de Desarrollo Profesional Docente y estableció a la Formación Inicial Docente como su pilar fundamental. A partir de 2026 se aplicarían nuevos criterios de admisión que, según estimaciones del DEMRE, reducirían drásticamente el número de seleccionados en las carreras pedagógicas de todo el país, con un impacto especialmente devastador en la oferta formativa de las regiones. Ante ello, múltiples organizaciones académicas, sociales y gremiales han hecho un llamado urgente a modificar, derogar o al menos reconsiderar estos criterios, incorporando variables que resguarden la diversidad territorial.

Desde mi experiencia puedo afirmar con certeza que una de las mayores fortalezas de los estudiantes de pedagogía en nuestra región es su profundo compromiso con la labor docente. Su inserción laboral en zonas insulares, rurales y urbanas demuestra que su formación los habilita sólidamente para ejercer en sus comunidades, en condiciones donde pocos podrían hacerlo con la misma entrega. Y esto no es fruto de un puntaje de admisión, sino de la combinación de sus características personales, el vínculo con su territorio y el acompañamiento cercano de quienes guiamos su proceso formativo desde el primer hasta el último día de carrera.

Por todo ello, apelo a nuestros parlamentarios —elegidos para representar los intereses y anhelos de esta región— a escuchar y recoger el testimonio de sus docentes y de los jóvenes que sueñan con ser profesores en y para nuestras comunidades.

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