El saber regional: motor y escudo de la Descentralización

Nuestras casas de estudio deben ser “globalmente competitivas, pero localmente comprometidas”. Por Francisco Reyes C. Consejero Regional Los Lagos.

Francisco Reyes

 

Avanzados 4 meses de este 2026, damos especial seguimiento desde el Consejo Regional Los Lagos a un fenómeno creciente y esperanzador: el surgimiento o impulsos iniciales universitarios de observatorios de política pública, desarrollo sustentable, bienestar y salud.
Desde la forma en cómo enfrentar colectivamente el cáncer; la formulación o el reforzamiento estudiantil de nuevas iniciativas de inversión comunal, hasta el fomento de la empresa local, existe la inquietud institucional de aportar “músculo técnico” a nuestra región.
Y esta necesidad de co-construir no es azarosa; responde a una definición única de rol público que nuestras universidades regionales deben y hemos llamado a encarnar con fuerza.

Y es que la relación entre el Gobierno Regional, municipios y universidades debe fluir con total espontaneidad. No hablamos de un vínculo forzado por la burocracia, sino de una alianza basada en una vocación pública compartida. Como bien plantea la OCDE, nuestras casas de estudio deben ser “globalmente competitivas, pero localmente comprometidas”. El desarrollo regional no es la suma de acciones aisladas, sino un propósito estratégico donde la universidad, desde la gestión del conocimiento, se convierte en un activo intransable para asegurar que el progreso sea integral y no fragmentado.

Sin embargo, para que esta integración sea real, debemos pasar de la declaración a la acción. No bastan las buenas intenciones; la colaboración se fortalece con plazos definidos y métricas concretas. Los convenios deben poner el acento en productos tangibles que unan la academia con las urgencias del territorio.
Aquí, la universidad local debe asumir un rol de seguimiento y reforzamiento territorial, superando la debilidad del control centralista.

Y así de ambiciosa es la mirada, es que pensamos, también, que es hora de que la academia entre en la discusión técnica de la inversión pública y los marcos presupuestarios. Ante el centralismo de Hacienda, la universidad debe aportar su capacidad instalada para regionalizar el debate económico, hasta transformarse en un ente que lidera y fundamenta.

Cuidar el valor público de la universidad, en su naturaleza pública o privada y sus evidentes matices y diferencias, es poner el saber al servicio de decisiones con certeza. El desafío es claro: liderar desde el territorio para que la descentralización deje de ser un anhelo y se convierta en una realidad con rigor científico y sello regional.

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