Especialista advierte que una adecuada ingesta de DHA durante los primeros años de vida favorece el desarrollo cerebral y visual de niños y niñas, especialmente en una etapa clave del crecimiento.

El desarrollo del cerebro durante la primera infancia es uno de los procesos biológicos más importantes para el futuro de niños y niñas. Entre los 12 y 36 meses ocurre una etapa crítica de maduración neurológica, donde una adecuada alimentación cumple un papel fundamental para potenciar capacidades cognitivas, sensoriales y motoras.
En este contexto, el ácido docosahexaenoico (DHA), perteneciente a la familia de los omega 3, se ha transformado en uno de los nutrientes más estudiados por su impacto en el desarrollo cerebral y visual infantil. Su presencia en las membranas neuronales y en la retina lo convierten en un elemento clave para el funcionamiento del sistema nervioso.
Sandra Alberti, académica de la carrera de Química y Farmacia de la Universidad Andrés Bello, explicó que durante los primeros años de vida el organismo requiere importantes cantidades de DHA para apoyar el crecimiento y la maduración del cerebro. Según señaló, este ácido graso cumple funciones estructurales esenciales y facilita una adecuada transmisión de señales nerviosas.
La evidencia científica ha demostrado que uno de los beneficios más consistentes del DHA se relaciona con el desarrollo de la visión. Diversas investigaciones indican que los niños que reciben cantidades adecuadas de este nutriente presentan mejores indicadores de agudeza visual, debido a que forma parte fundamental de la estructura de la retina.
Respecto al desarrollo cognitivo, la especialista indicó que los resultados son más variables. Algunos estudios muestran efectos positivos sobre la memoria, el aprendizaje y determinadas funciones cerebrales, mientras que otros no evidencian cambios significativos en el desarrollo cognitivo general. Factores como la edad, la alimentación y el estado nutricional previo influyen directamente en estos resultados.
Las principales fuentes naturales de DHA son los pescados grasos, como el salmón y el jurel, además de mariscos, leche materna y algunos alimentos fortificados. Sin embargo, especialistas advierten que gran parte de la población infantil mantiene un consumo insuficiente de estos alimentos, principalmente por hábitos familiares o rechazo a determinados sabores y texturas.
Ante esta realidad, la suplementación puede transformarse en una alternativa válida, siempre bajo supervisión profesional. Alberti explicó que un suplemento infantil debe contener dosis adecuadas para cada edad, contar con buena biodisponibilidad y garantizar estándares de calidad que aseguren la ausencia de contaminantes como metales pesados.
La académica también recordó que, aunque los omega 3 son considerados seguros, su consumo excesivo puede provocar efectos adversos, especialmente alteraciones gastrointestinales o problemas relacionados con la coagulación. Por ello, recomendó consultar siempre con un profesional de la salud antes de iniciar cualquier suplementación, especialmente en menores de dos años o en niños con condiciones médicas específicas.