Que todos los hombres se vayan a Irak” regresa al Diego Rivera. Única función el martes 17 de junio a las 20:00 horas. Patricia Cuyul, ganadora del Premio Caleuche forma parte del elenco

Este martes 17 de junio, el escenario del Teatro Diego Rivera será nuevamente testigo de la provocadora obra “Que todos los hombres se vayan a Irak”, del dramaturgo puertomontino Nicolás Lange. El montaje, descrito como un concierto coral sobre la sobrecarga informativa y la fragilidad humana, se presentará en una única función a las 20:00 horas.
Con una duración de 50 minutos y clasificación para mayores de 14 años, la obra invita al público a sumergirse en un viaje emocional donde “lo hermoso y aterrador de acabar con el mundo” se entrelazan con la esperanza de encontrar amor en medio del caos. Las entradas estarán disponibles el mismo día del evento desde las 18:00 horas en el hall del teatro, con valores generales de $5.000 y $3.000 para estudiantes y personas mayores.
El elenco está integrado por artistas regionales como Alejandra Vera Osorio, Miguel Reyes Velásquez, Alfredo Castro Villablanca, Máximo Martin y Patricia Cuyul Vargas. Su retorno a Puerto Montt marca un hito, especialmente tras el reciente Premio Caleuche obtenido por una de sus integrantes, lo que refuerza el impacto y reconocimiento de la producción local.
Cristian Igor Santana, productor e iluminador del montaje, subraya que esta es una obra “para gente triste”, que se aleja de las estructuras dramáticas convencionales para habitar las guerras internas de sus personajes. Según explica, “son cuatro relatos que interactúan entre sí, sin linealidad, dejando espacio para que el espectador complete con sus propias emociones”.
La propuesta escénica cobra especial sentido en tiempos de tensiones globales, reflexionando sobre el valor de lo humano en medio del caos. “Mostrar esta obra en el Diego Rivera no solo es reencontrarnos con el público local, sino también una forma de mantener el teatro vivo y con propuestas que pueden circular en otros espacios”, indica Santana.
Finalmente, el equipo espera que la experiencia deje huella en quienes asistan. “La gente se descoloca al principio, pero termina profundamente tocada. Queremos que salgan con la sensación de que, incluso en medio de lo aterrador, hay belleza”, concluye el productor.