Lo que sembramos hoy en la primera infancia, lo cosecha el país mañana

Marcela Gallardo Molina, Directora Regional Fundación Integra, Los Lagos.

 

 

Hablar de niños y niñas rara vez nos deja indiferentes: afloran emociones y un profundo sentido de resguardo hacia una etapa tan sensible como decisiva en la vida de cualquier persona. En Chile, la primera infancia representa el 5,9% de la población. Y hace unos días, el Observatorio Niñez de Fundación Colunga presentó su agenda de primera infancia con cifras que no podemos pasar por alto: uno de cada cuatro niños y niñas de 0 a 5 años vive bajo la línea de la pobreza, y siete de cada diez menores de dos años no asiste a un centro educativo. Esos números no son solo estadísticas. Son trayectorias que empiezan desiguales.

La Convención sobre los Derechos del Niño cambió el paradigma: dejamos de mirar a la infancia como objeto de protección para reconocerla como sujeto de derechos. En Chile, la Ley N° 21.430 lo consagró en su artículo 7, al establecer que el interés superior del niño debe considerarse de forma primordial en toda decisión que le afecte.

¿Qué significa eso en concreto? Que una sala cuna o un jardín infantil no es el lugar donde “se cuida a los niños mientras sus familias trabajan”. Es el lugar donde se ejerce el derecho a la educación y al juego, donde se aprende a ser escuchado y donde comienza el proceso de socialización.

Ahí es donde se transforman trayectorias. Mediante interacciones educativas de calidad, niños y niñas despliegan al máximo sus capacidades, habilidades y conocimientos. Y en ese proceso, el profesionalismo de los equipos educativos y el protagonismo de las familias cumplen un rol insustituible. El estudio TALIS Starting Strong (OCDE) confirma que ese vínculo es una fortaleza de nuestro sistema educativo: una fortaleza que hay que cuidar y potenciar.

No perdamos el rumbo ni el tiempo. Sembremos profesionalismo, dedicación y amor en cada niña y cada niño que tiene derecho a desarrollarse plenamente. No veremos el fruto de inmediato, pero lo que sembramos hoy en la primera infancia se verá reflejado en el país que seremos mañana.

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