Mitos y verdades del helado en Chile

La nutricionista Perla Valenzuela analiza el consumo de helado en Chile y desmitifica sus efectos en la salud integral. El país lidera el consumo regional con once kilos anuales, exigiendo una elección informada y consciente.

 

 

Chile se posiciona como el líder indiscutido en el consumo de helado a nivel regional, alcanzando una cifra cercana a los 11 kilos anuales por persona. Ante esta realidad, la nutricionista de la UNAB Viña del Mar, Perla Valenzuela, advierte sobre la importancia de conocer qué estamos ingiriendo realmente al elegir este popular producto, especialmente durante las temporadas de altas temperaturas.

Uno de los mitos más frecuentes gira en torno a las versiones light y la diferencia entre productos de agua o leche. Mientras los primeros suelen contener menos grasas, presentan altas concentraciones de azúcar o edulcorantes para compensar el sabor. Valenzuela señala que, aunque el helado de agua parezca más saludable por su ligereza, no necesariamente es la opción óptima para quienes buscan controlar su ingesta calórica total.

La distinción entre productos artesanales e industriales resulta fundamental al momento de evaluar la calidad nutricional. Los helados artesanales suelen utilizar materias primas naturales y menos aditivos químicos que sus contrapartes industriales. Sin embargo, esto no implica que sean libres de calorías, por lo que la experta recomienda siempre revisar el etiquetado nutricional para evitar excesos de grasas saturadas y carbohidratos complejos.

Para pacientes con condiciones específicas como la diabetes, el consumo de helado requiere una vigilancia estricta debido a su impacto en el índice glucémico. Asimismo, la nutricionista aclara un error común: el helado de agua no cumple la función de hidratar. Por el contrario, su alto contenido de solutos puede incrementar la sensación de sed, por lo cual el consumo de agua natural sigue siendo la única vía efectiva de hidratación.

En el ámbito deportivo, el helado puede funcionar como una herramienta de recuperación energética rápida tras sesiones intensas de ejercicio, gracias a su aporte de glucosa. Además, su consumo está vinculado con la liberación de neurotransmisores como la dopamina y la serotonina. Estos componentes químicos generan una sensación de bienestar y placer inmediato, lo que explica la fuerte conexión emocional que los chilenos mantienen con este alimento.

Finalmente, la clave para integrar el helado en una dieta equilibrada no reside en la prohibición, sino en la moderación y la selección consciente. Optar por porciones controladas y privilegiar ingredientes naturales permite disfrutar de este postre sin comprometer la salud. La educación nutricional se vuelve esencial en un país donde la cultura del helado está tan arraigada en la vida cotidiana de sus ciudadanos.

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